La cultura del descarte y la Navidad.

“Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado”.  (Lc 2, 15)

 ¡Ya se acerca la Navidad!, ¿Ya compraste tu pino de Navidad?, ¿Y los regalos? Desde hace pocos años, al acercarse el mes de diciembre, éstas son algunas de las expresiones y preguntas que muchas personas en nuestra ciudad, y en algunos otros países, dicen con alegría y preocupación. ¿Cuál es el nuevo significado de Navidad en una sociedad moderna? La de una fecha más dentro del calendario. Una en la cual no se labora y se propicia para realizar una gran fiesta, cuya finalidad es la de comprar, beber y… ¡A disfrutar, ahora que hay!, porque en enero… ¡Cuesta, no me cuestes!

Muchos de los empresarios, empleados, estudiantes y niños esperan con mucha ansia las fiestas navideñas. Los preparativos navideños están cargados de activismo, consumismo y de la llamada cultura del descarte. Son fechas en las que se desea más el dinero que el amor, los regalos que la familia. Los empresarios explotan durante el año, y con más intensidad en éstas fechas, a sus empleados que soportan la carga laboral para poder llevar el alimento necesario a casa. Los estudiantes y niños mueren de angustia por saber cuáles serán sus regalos, y esto… si les gustan. Y al final de la navidad pachanguera sólo queda la cruda resignación de las enormes cuentas en el banco, el desecho de los adornos navideños, los regalos caros e innecesarios que después serán arrojados al bote de la discontinuidad. Mientras que los magnates toman un baño de espumas con un buen vino, ¡Ah, y con aguacate! Los tristes empleados regresan cansados al trabajo, cargando la enorme piedra de deudas. Mientras que los pobres siguen sin ser recordados y aceptados.

La Navidad es nacimiento, no es una fiesta del mundo y para complacer al mundo. Ésta es una fiesta que mueve el corazón de todos para recordar a aquel que vino con nosotros, Jesús el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Aquel de quien pregonaban los profetas, del que anunció el Ángel a María y aquel por el que los pastores decían vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado. El nacimiento del Salvador, la Luz para iluminar a las gentes (Lc. 2, 32), es para nosotros motivo de encuentro con el hermano, de alegría y de amor. No es fiesta de consumir y luego desechar. Esa es la acción del demonio que no quiere que volteemos la mirada a contemplar al Niño en el pesebre.

Jesús ya ha llegado, ¡Ya está aquí!, Él nos espera lleno de inocencia y ternura, en la presencia de un bebé que nos roba nuestra atención y con su mirada tierna nos transmite su amor. Los ángeles cantan jubilosos Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace (Lc. 2, 14), y los pastores van presurosos a ver al Salvador del mundo. Vayamos alegres al encuentro del Amor, y digámonos los unos a los otros vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado.

¡Feliz Navidad!

Aurelio Gutiérrez Arredondo.

Segundo de filosofía.

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