Cómo poner nuestros talentos al servicio de los demás

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“Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que no merezcas morir. O tal vez obra así: Obra como si hubieses de morirte mañana, pero para sobrevivr y eternizarte.” (Miguel de Unamuno, 1864-1936)

No podemos negar que vivimos inmersos como sociedad en una cultura donde cada vez es más frecuente estar ‘aislados’ o ‘competir’ por ser ‘él o los mejores’. Pero, ¿Dónde dejamos los dones o talentos que Dios nos da? Ya comenta san Pablo: “El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar, a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu, a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere. (1 Cor 12, 8-11)”

FranciscoAudiencia_JoaquinPeiroPerez_ACIPrensaPor lo tanto, a pesar que ‘la cultura del Descarte’ (Papa Francisco) predomine en las nuevas generaciones, o incluso en las nuestras, no podemos dejar a un lado aquellos talentos que Dios nos da para un ejercicio recto hacia los demás. Es notorio que abusamos o nos servirnos de esos dones de manera egoísta y vana.

Es evidente que cada vez más y más personas viven en situaciones ‘límite’, es decir, de pobreza, desigualdad, injusticia, violencia o discriminación, únicamente por no “cumplir”  las exigencias que pide la ‘cultura líquida’ (Zygmunt Bauman) o globalización, para ser aceptados.

La tarea de todo bautizado es clara, poner nuestros dones al servicio de todos para crear una sociedad armónica y estable, en pocas palabras “Predicar con la vida”; y tal vez nos preguntaremos ¿Cómo puede ser esto posible? y san Pedro nos lo responde de la siguiente manera: Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la gracia de Dios. El que ha recibido el don de la palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. (1 Pe 4, 10-11)

Por eso, ¡Haz como Dios y hazte hombre! (Obispo Franz Kamphaus) Es una invitación tan clara a la caridad; siendo maestros, médicos, empresarios, obreros, amas de casa, estudiantes, etc., todos estamos llamados a encarnarnos en nuestra realidad social y eclesial. Ante esto, “todos los cristianos, también los pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. […] El pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta a una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo.” (Papa Francisco, EG 183.)

Sem. José Luis Elías Rodríguez

Segundo de Teología

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