Yo soy la esclava del Señor, que se haga en mí según tu palabra

la anunciacion hermitageECCE ANCILLA DOMINI. FIAT MIHI SECUNDUM VERBUM TUUM.

Por: Sem. Ángel Adolfo Rivera Montoya. |
Primero de Teología.|

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Ángel Adolfo Rivera Montoya

Al celebrar cada año la fiesta del misterio de la Encarnación del Señor, recordamos, con gran amor y alegría, uno de los pasajes que cambiaron la historia de la humanidad, pues ahora ya no se entiende la historia desde la perspectiva de un Dios lejano, pues en el seno de la Virgen, Dios se hizo hombre, por ti y por mí, para que ya no viéramos a Dios como algo distante, sino como alguien cercano; por el fiat, de María se abre una puerta de esperanza para el género humano, por ello a lo largo de nuestra era, y de muchas maneras, se ha intentado plasmar el momento de la Anunciación y quiero en esta ocasión compartir con ustedes una de estas hermosas narraciones que describe este hecho de una manera magistral:

    «Después de la respuesta esencial de María: su simple “sí”. Se declara sierva del Señor.  Hágase en mí según tu palabra”. Bernardo de Claraval describe dramáticamente en una homilía de Adviento la emoción de este momento. Tras la caída de nuestros primeros padres, todo el mundo queda oscurecido bajo el dominio de la muerte. Dios busca ahora una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Necesita la libertad humana. No puede redimir al hombre, creado libre, sin un “sí” libre a su voluntad. Al crear Dios la libertad, Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre, su poder está vinculado al “sí” de una persona humana. Así, Bernardo muestra cómo en el momento de la pregunta a María el cielo y la Tierra, por decirlo así, contienen el aliento. ¿Dirá “sí”? Ella vacila… ¿Será su humildad tal vez un obstáculo? “sólo por esta vez –dice Bernardo- no seas humilde sino magnánima. Danos tu “SÍ”. Éste es el momento decisivo en el que de sus labios y de su corazón sale la respuesta: “hágase en mí según tu Palabra.” Es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana.»

    Por lo tanto el celebrar la Encarnación del Señor es celebrar el generoso de María, que se convierte en nuestro modelo de respuesta generosa al Señor, pues María supo responder, como dice san Bernardo, con magnanimidad y libertad.

    En este 25 de marzo pidamos al Señor que nos conceda a todos, a semejanza de María, responder con magnanimidad ante el gran proyecto de amor al que nos invita a colaborar, y accedamos con nuestra fe, por la puerta del fiat de María, al proyecto amoroso de Dios que quiere que todos los hombres se salven y que lleguen al conocimiento de la única, inmutable y eterna verdad que es Jesucristo, Nuestro Señor, que por amarnos tanto se ha hecho hombre y nos ha mostrado el camino de la plenitud humana.

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