Mi historia vocacional

Por: Sem. Falvio Esteban Guerra Rodríguez. |

Curso de Humanidades. |

Flavio Esteban Guerra Rodríguez

Flavio Esteban Guerra Rodríguez

     Mi historia vocacional comenzó cuando estaba a punto de concluir mis estudios en la secundaria, gracias a mis amigos, y poco a poco, me acerqué a la Iglesia, fui coordinador del grupo de servidores del Altar; también comencé a asistir a los fines de semana vocacionales en el Seminario, pues ya había en mí el deseo de conocer sobre mi vocación.

   A pesar de que iba al Seminario, cuando estaba terminando mi preparatoria lo que tenía en mente era decidir a qué universidad entrar. Para le fecha de mi graduación ya tenía todos mis planes de universitarios. Pero, sucedió algo, no como casualidad, sino como parte del proyecto de Dios para mí, algunos de mis amigos me invitaron a lo que es el Preseminario. A lo largo de esta experiencia medité sobre mi vida, mi familia, mis amigos y mi futuro.

     El último día de mi estancia en el Seminario me piden una respuesta y yo dije . Aunque algo difícil estaba por venir: decirle a mis padres. Mi madre no sabía cómo reaccionar, me decía que era mi decisión, aunque le costó dejar salir de casa a su único hijo; a mi padre no se lo dije en ese instante, no porque no encontrara las palabras, sino que no encontraba el momento; un día al fin me armé de valor y le dije, su respuesta sólo fue; “Si es lo que de verdad quieres te apoyo hijo”.cosechando vocaciones

     Yo me sentía raro, tenía tristeza por dejar algunas cosas, pero alegría por seguir a Dios. Mis amigos me hacían burla porque nunca imaginaron que quería ser un “padrecito”, decían que no entrara. Y por fin llegó el día, 7 de agosto del 2015, a las 9:30 a. m. entré oficialmente al Seminario, mis padres me vinieron a dejar hasta la puerta y hablaron con el padre formador.

     Todo iba bien, pero después de un mes, ya me quería ir, me sentía desesperado, antes me la pasaba en la calle y después estar encerrado en un solo lugar me frustraba mucho, pero eso ya pasó; ahora que llevó más tiempo me ha servido para encontrarme a mí y saber que estoy por el camino correcto. La vocación se descubre a diario, la respuesta generosa a Dios se da a todos los días, todo es más fácil sabiendo que ustedes oran por nosotros, por eso a nombre de mis hermanos sacerdotes y seminaristas, muchas gracias.

     ¡Ánimo! Dios te bendice, y a mis papás sólo les digo que los amo y gracias por apoyarme en mis decisiones.

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