¿Cómo vivir la Esperanza en la Vida Eterna?

anastasis san salvador de cora

Por: Sem. Mario Alberto Correa Ledezma |

Cuarto de Teología | 

“Tener esperanza es estar es tensión hacia la revelación, hacia el gozo que llenará nuestra boca de sonrisas.”

Papa Francisco

Mario Alberto Correa Ledezma

Mario Alberto Correa Ledezma

La alegría y el gozo de conmemorar un año más la Pascua de Cristo nuestro Salvador inundan nuestra vida y nos llenan de esperanza, pues sabemos que Cristo Jesús, ha resucitado y con Él resucitaremos nosotros también; San Pablo expresa “vana sería nuestra fe, si Cristo no hubiera resucitado” (1 Cor 15, 14). Si la fe nace del encuentro con Jesús, la esperanza nace de la promesa de Jesús en la Vida Eterna. ¿Qué es la Esperanza en la Vida Eterna? ¿Cómo vivirla y manifestarla?

La Esperanza es la virtud por la cual confiamos en que alcanzaremos la vida eterna y en que Dios nos dará su gracia, es decir, su ayuda para llegar a ella. Tener esperanza es estar seguro de que con la ayuda de Dios, puedes ir después de esta vida al cielo a vivir junto a Él para siempre. Imagínate si pensaras que con la muerte se acaba todo, si no esperaras el cielo; lo triste, lo corta, lo inútil que sería tu vida. “¿Cómo dicen algunos que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. (…) Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido. (…) Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.” (1 Cor 15, 12-13. 17. 19-20).

En estos 50 días de Pascua es necesario que recordemos, a todos los cristianos de nuestros pueblos y ciudades, como el apóstol Pablo a los de Corinto, la luminosa esperanza que brota de la fe en Jesucristo resucitado. Si esta esperanza se oscureciera o se disipara, ya no podríamos llamarnos de verdad cristianos. Al vivir y manifestar de nuevo que creemos, con la Iglesia de ayer y de hoy, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, ofrecemos a todos los hombres motivos fundamentales para la renovación de la vida personal y para la regeneración de la convivencia social.

Vivir sin esperanza es un morir o un vivir muriendo, donde todo carece de sentido, donde no merece la pena seguir alimentando la existencia, mientras que vivir con la esperanza de una inmortalidad bienaventurada, llena la vida de dinamismo y de ilusión. Todo esto significa que la esperanza es un constitutivo existencial del hombre en sus diversos aspectos, personal, social y religioso, es el motor vital que le impulsa, de manera radical, hacia el futuro al que aspira y en el que espera.

Hay que estar alegres, pues la Parusía, el encuentro con el Señor, el principio de la felicidad, está cerca (Flp 4, 4). Nos alegramos con la esperanza de alcanzar la vida eterna (Rom 5, 3). La tristeza es propia de los que no tienen esperanza (1 Tes 4, 13), pero no de un creyente, el cual tiene la seguridad de alcanzar el premio deseado: la vida eterna que Jesús nos ha regalado.

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