Santa Jacinta Mariscotti – 30 de enero

jacinta mariscotti

Por: Sem. Daniel Alejandro Galván Lara |

 Curso de Humanidades |

Daniel Alejandro Galván Lara

Daniel Alejandro Galván Lara

Paz y bien tengan todos ustedes, hermanos lectores de Nuestro Seminario. Es una alegría para mí el compartirles la vida de santa Jacinta Mariscotti, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, la cual, como muchos santos, experimentó en un momento determinado de su vida un cambio o conversión, al que todos nosotros estamos llamados.

Clarice de Mariscotti, así se llamaba Sor Jacinta, era hija de Marcantonio Mariscotti y Ottavia Orsini, condesa de Vignanello, donde nació el 16 de marzo de 1585. Se educó en el convento de las franciscanas de Viterbo, donde una de sus hermanas era religiosa. Parece que en sus primeros años mostró poca inclinación a la piedad. Cuando sus padres casaron a su hermana más joven con el marqués Cassizucchi, Clarice cayó en un estado de desánimo y mal humor, insoportables para su familia. En vista de ello, sus padres, siguiendo la mala costumbre de la época, decidieron obligarla a entrar en la vida religiosa. Clarice ingresó al mismo convento de Viterbo donde había sido educada, que era una comunidad de la Tercera Orden Regular Franciscana. Aunque hizo la profesión con el nombre de Jacinta, la joven declaró sinceramente que el hecho de vestir el hábito religioso no le impediría exigir todos los privilegios a los que la riqueza de su familia le daba derecho.

Durante diez años, fue el escándalo de la comunidad por su olímpico desprecio de las reglas, aunque guardaba todavía un mínimo de apariencias. En cierta ocasión, en que se hallaba ligeramente indispuesta, un santo sacerdote franciscano fue a confesarla en su celda y al ver cuán placentera era ésta, regaño severamente a Sor Jacinta por su tibieza y los graves peligros a que se exponía. La corrección impresionó profundamente a la religiosa, quien temporalmente cambió su vida con un entusiasmo grandioso. Pero esta rápida transformación no duró mucho; el entusiasmo de Sor Jacinta empezaba ya a disminuir, cuando Dios le envió una enfermedad mucho más seria que la anterior. Esta vez, la gracia fue plenamente eficaz y desde ese momento, la santa llevó una vida de disciplina, constantes ayunos y vigilias, y largas horas de oración.

Desde entonces quiso que la llamaran Jacinta de Santa María. Quería ser una franciscana santa. Transformó la soberbia por paciencia, la ambición por humildad. Creció en fervor y devoción, practicó con delicadeza la caridad con sus hermanas y con los habitantes de Viterbo, a quienes socorría según sus posibilidades.

Su caridad hacia los pobres era especial. No teniendo voto de clausura, acudía a sus casas y refugios, para llevarles ayuda espiritual y material. Pero también manifestaba su aprecio por la nobleza visitando a los nobles empobrecidos y vergonzantes.

Dejó algunos pensamientos que reflejan su espiritualidad centrada en la piedad eucarística y mariana, y su gran deseo de penitencia y de llevar las almas a la santidad. Murió el 30 de enero de 1640. Fue beatificada en 1762 por Benedicto XIII, de la familia Orsini, a la que pertenecía su madre. Pío VII la canonizó en 1807.

Me despido de ustedes invitando a que imitemos las virtudes de Santa Jacinta y deseándoles que Dios reine en sus corazones.

 

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