Experiencia de apostolado

aprendiendo

Por: Sem. José Vicente Pérez Salazar. |

Segundo de Filosofía. |

José Vicente Pérez Salazar

José Vicente Pérez Salazar

¡Hola a todos, amigos del Seminario! Me da gusto saludarlos a través de este medio. Que Dios nuestro Señor les conceda un año lleno de prosperidad, paz y sobre todo lleno de amor.

En esta ocasión les compartiré mi experiencia de apostolado (en mi cuarto año de formación dentro del Seminario), el cual lo realizo en la parroquia de Cristo Rey en la ciudad de Matamoros, experiencia que comparto con dos hermanos del Seminario Menor, Daniel Alejandro Galván Lara (Curso de Humanidades) y Brian Jazer Contreras Santos (Tercero de Preparatoria).

Uno de los objetivos o metas principales del apostolado es sin duda alguna realizar  lo que Jesús hizo en su vida ministerial que fue el anunciar la Buena Nueva a todas las gentes, es así que día con día me esfuerzo para realizar de la mejor manera la misión de todo cristiano: evangelizar.

Una de las actividades que realizamos es la de acompañar a la comunidad en las distintas pastorales: la Pastoral Catequética, la Pastoral de la Salud  y por último la Pastoral Litúrgica. En cierta manera los tres seminaristas nos involucramos en cada una de ellas. Por ejemplo, en ocasiones visitamos a los enfermos tanto en sus casas como en los hospitales y hacemos oración con ellos; participamos en los grupos del catecismo (niños) y del catecumenado (adolescentes) compartiendo temas, y también les damos una asidua formación al equipo de liturgia.

También destaco la cercanía tanto del párroco Pbro. Alán Guillermo Muñiz Camargo, como  de la misma comunidad para con nosotros. No cabe duda, que cada año de apostolado es diferente y se aprenden muchas cosas nuevas, que al final de cuentas van fortaleciendo la vocación.

Finalmente la experiencia de apostolado, sin duda alguna, va transformando la vida del seminarista ayudándole ser un verdadero pastor como debe de ser, a ejemplo de Jesús Buen Pastor.  Todas estas experiencias me llenan de gozo y alegría, pues, mi gran deseo es llegar a ser un buen sacerdote, un excelente sacerdote. Digamos juntos: Señor danos sacerdotes, Señor danos muchos sacerdotes, Señor danos muchos y muy santos sacerdotes. Amén.

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