UN SEMINARIO MARIANO, MUY GUADALUPANO

Por: Pbro. Lic. Santiago Enríquez Rangel |

Rector |

Muy queridos hermanos de las distintas comunidades parroquiales de nuestra Diócesis de Matamoros, reciban un cordial saludo.

En esta ocasión quiero compartirles nuestra experiencia que año con año vivimos en nuestro Seminario a propósito de las fiestas guadalupanas, cuya celebración iniciamos el 11 de diciembre por la noche con una velada cargada de profundo amor y devoción a nuestra Madre del cielo. Velada que nos contextualiza en una preparación inmediata para nuestro largo peregrinar que el día 12 hacemos como familia hacia su Santuario. Gracias por el amor y la fe que ponen de manifiesto a nuestra Madre del cielo y gracias también por el amor, la oración, apoyo y cercanía a nuestro Seminario, Bendita Casa de Formación en la que se preparan los futuros pastores de nuestra querida Diócesis.

Rebosantes de alegría año con año visitamos la casa de nuestra Madre del cielo, Nuestra Señora de Guadalupe; como Iglesia peregrina, congregados de las diferentes parroquias, comunidades y lugares de trabajo, para encontrarnos con la bendita imagen de la Virgen Morena en su Santuario, erigido para que la honremos, y desde allí celebremos su amor maternal por todos nosotros. Con este gesto de amor, de fe y religiosidad popular, nos unimos a millones de peregrinos que en todo nuestro México la visitan en los diferentes Santuarios para expresarle los sentimientos más profundos que cada uno tenemos en nuestros corazones, para buscar su refugio y protección, para rogarle su asistencia en nuestras necesidades. Sabemos que nuestra Madre del cielo está siempre atenta a sus hijos. En el cielo Ella constantemente intercede por nosotros ante su divino Hijo, Jesucristo.

El amor, la fe y la devoción a María de Guadalupe se desbordan al celebrar esta fiesta, e incluso rebasan las fronteras de nuestro México, pues no sólo es la Reina de México, sino Emperatriz de América y Patrona de toda América Latina, como la proclamó su Santidad el Papa Pío X.

A propósito de estas fiestas guadalupanas recordamos las experiencias vividas en nuestras peregrinaciones anuales que hemos hecho: un largo y cansado caminar lleno de colorido, de fe, de amor y alegría por los cánticos, los globos, las banderitas, las porras y los matlachines, que sin importarnos las inclemencias del tiempo, nos dan la oportunidad para que en nuestro recorrido demos un testimonio evangelizador.

El emocionante relato de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe inspira en nuestro interior una profunda gratitud a Dios por el regalo de su Madre. Ella vino a sus hijos en tiempos de dificultad, y a través de los tiempos resplandece como la mujer vestida de sol, la que trae luz y esperanza a todos, sobre todo en estos tiempos muy difíciles tan necesitados de  paz, en donde la violencia, el narcotráfico, la inseguridad y la muerte acechan en cualquier lugar y en cada momento. Contemplamos de manera especial este día 12 de diciembre y veneramos esta bella imagen que nos ha dejado, Santa María de Guadalupe, Reina de la Paz. Ella es modelo de lo que debe ser la Iglesia, y que, como humilde y fiel sierva de Dios, se identifica y compromete con los pobres y necesitados.

No podemos ni debemos dejar de dar gracias porque la Santísima Virgen María nos ha entregado al fruto bendito de su vientre, como lo leemos en el capítulo cuatro, verso cuatro de  la Carta de San Pablo a los gálatas: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos”. Ella, María, con su libertad se pone en camino y nos visita en cualquier momento en el que necesitamos de su ternura y de su consuelo.

Pongo en manos de Santa María de Guadalupe y en su corazón, a nuestra querida Diócesis de Matamoros y a nuestro Seminario, que caminan, con alegría y mucha esperanza dando frutos. En estos tiempos de nuestro caminar histórico, María brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo. Este día de fiesta podemos decirle a María aquellas palabras que expresan todo el cariño que le tenemos, además, que expresan el gozo de permitirnos estar a los pies de su santísima imagen: “¡Mi corazón en amarte eternamente se ocupe, y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe!”.

Anuncios

Etiquetas:,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: