Ciclo litúrgico

Por: Sem. Javier Meza Avendaño. |

Primero de Teología |

Que tal queridos hermanos en Cristo, espero que gocen de salud y paz. Nuevamente nos encontramos por este medio. En esta ocasión les compartiré un poco sobre un tema que de manera particular me gusta mucho, me refiero al ciclo litúrgico. La dinámica del ciclo litúrgico es un camino que todo hombre debe llevar ya que el fin de este es el encuentro con Dios, incluso es el lugar de encuentro con Él.

Ahora bien, adentrémonos en el tema. La Santa Madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su Divino Esposo. De manera que en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad, hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza en la venida del Señor. En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la Santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo. Además, la Iglesia introdujo en el círculo anual el recuerdo de los mártires y de los demás santos, que llegados a la perfección por la multiforme gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la salvación eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros.

Ahora bien, lo anteriormente mencionado se establece en el calendario litúrgico de manera sistemática, es decir, así como el tiempo está dividido en períodos que marcan la vida, las actividades y las fiestas de los hombres, los cristianos tienen también una distribución del tiempo en el que celebran los misterios de Cristo y expresan su fe. El calendario litúrgico tiene su propio ritmo, una sucesión de fiestas y una alternancia de tiempos. La liturgia cristiana ha establecido divisiones en el tiempo para distribuir en ellas las distintas celebraciones del misterio de Cristo.

Conmemorando por medio del ciclo litúrgico los misterios de la Redención, se abren las riquezas del poder santificador y de los méritos del Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los cristianos ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación.

Para nosotros, como miembros de la Iglesia, el ciclo litúrgico es una oportunidad para disfrutar, celebrar y vivir los misterios de Cristo, no es una carga el asistir a una celebración cuando la Santa Madre Iglesia nos lo pide, ya sea a un precepto dominical, a alguna solemnidad, etc., sino un espacio para la santificación y obtención de los méritos del Señor. Participar de este proceso de santificación depende en gran medida de nosotros, por eso seamos dóciles al Espíritu Santo, y que la Virgen María nos ayude a hacer nuestro papel de cristianos de la mejor manera.

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