Apostolado en la Pastoral Vocacional

Por: Sem. Adán Bautista Rosales |

 Segundo de Teología |

Diócesis de Nuevo Laredo |

“En tu nombre echaré las redes” (Lc 5, 5)

Jesús insiste: «echad las redes», nosotros no terminamos de creerlo pero Él insiste; no nos deja solos, nos acompaña, nos enseña con su testimonio y palabra. ¿Dónde está nuestra confianza en el Espíritu, nuestra fe, nuestra constancia? Dios nos hace libres, inteligentes, iguales; pone a nuestro alcance todo lo necesario para enfrentarnos a los problemas y nos da el don de la palabra para atraer a nuestros hermanos al camino de la fe. En definitiva, a ser mejores personas y a trabajar por un mundo más justo y equitativo para todos. 

En esta ocasión comparto contigo la alegría del llamado y mi labor apostólica que desde el comienzo del ciclo escolar realizo en la Pastoral Vocacional. Hoy doy gracias a Dios por esta nueva experiencia en mi formación; me atrevo a decir, como dijo el apóstol Pedro, Señor en tu nombre echaré las redes, para emprender los proyectos a realizar en esta pastoral. 

He comenzado una nueva etapa de formación, es por eso que me alegra el participar en el camino de fe que inician aquellos jóvenes que sienten una llamada de Dios y se esfuerzan en dar una respuesta con generosidad. 

Durante el tiempo de apostolado, desarrollo distintas actividades, entre las cuales puedo mencionar el acompañamiento a los Agentes de Pastoral Vocacional Parroquial, la preparación de los fines de semana vocacionales, que tenemos cada dos meses, el acompañamiento a los jóvenes que inician un proceso vocacional, entre otras actividades que atañen a la Pastoral Vocacional. 

El poder compartir tu experiencia de fe y tu vocación con los adolescentes, los jóvenes y los agentes de pastoral es muy gratificante, pues vez como el Maestro no te deja solo, sino que está ahí alentando tu llamado, para que des una respuesta generosa y repitas lo que hicieron los primeros discípulos, dejarlo todo y seguirle. 

El buen seguidor de Jesús no debe esperar un milagro sino que en su día a día debe tener esperanza, fe, constancia y hacer suya esta frase esencial: «¿Rendirme? Lo siento eso no va conmigo», porque sé que Dios me acompaña y su Espíritu me alienta. 

No debemos olvidar que todos somos agentes vocacionales, pues Jesús nos invita a trabajar por su Reino; que nuestro testimonio de vida y nuestra oración, nos una como Iglesia para pedirle a nuestro buen Dios que envié operarios a sus campos y que los que ya estamos en camino sigamos perseverando para alcanzar algún día la corona que nos tiene prometida. 

¡Oremos por las vocaciones! 

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