ATENCIÓN A LOS ENFERMOS IV – Salvifici doloris: “El dolor que salva” (2)

Por: Sem. Martín Nicolás Hinojosa Torres. |

Primero de Teología |

Martín Nicolás Hinojosa Torres

Martín Nicolás Hinojosa Torres

¡Qué tal amigos de Nuestro Seminario! Es un gusto continuar compartiendo con ustedes la Alegría del Evangelio. En esta ocasión, me gustaría continuar el tema tratado anteriormente acerca de la Carta Apostólica que propone el tema del sentido cristiano del sufrimiento humano: Salvifici Doloris. En el número anterior del boletín, compartí hasta el punto de la pregunta que el hombre se hace, y hace a otros, respecto al porqué del mal en el mundo. En los siguientes párrafos de la Carta Apostólica, San Juan Pablo II, continúa la reflexión haciendo una doble comparación en cuanto a dicho sufrimiento. Por un lado: ¿El sufrimiento del hombre es directamente proporcional al mal provocado por él mismo sobre sí o sobre otros seres que le rodean? Es decir: ¿la ley causa/efecto es la medida del mal realizado la que provoca el sufrimiento? Por el otro lado, propone el tema del sufrimiento en el personaje bíblico de Job; este hombre justo, que sin ninguna culpa propia es probado por innumerables sufrimientos (SD, p.15). Sin embargo, ante tantas pérdidas (esposa, hijos, casa, tierras, propiedades, etc.) jamás reniega de Dios; es más, bendice continuamente al Señor por las bendiciones que le otorga y por aquello que le quita. Es decir, el libro de Job da respuesta al problema del sufrimiento humano no como causa de un mal llevado a cabo, sino más bien, como medio eficaz de purificación, de reconstrucción. Del mismo modo, Job es una prefiguración de Jesús que, siendo inocente, se ofrece a la voluntad de su Padre Dios, en la entrega libre y generosa para la muerte, y una muerte de cruz. En la dimensión de la persona humana, la pena tiene sentido no sólo porque sirve para pagar el mismo mal objetivo de la transgresión con otro mal, sino ante todo, porque crea la posibilidad de reconstruir el bien en el mismo sujeto que sufre. El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. En el próximo número de Nuestro Seminario, continuaré con el apartado No. 4 de esta Carta Apostólica: Jesucristo: el sufrimiento vencido por el amor. Sigamos propagando entre todos La Alegría del Evangelio, ¡hasta luego!

Anuncios

Etiquetas:,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: