Con Jesús y María, oramos por la paz

POR: PBRO. LIC. FELIPE MANUEL ARTEAGA BECERRA |

DIRECTOR EDITORIAL

Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra

Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra

La paz, es un don de Dios y tarea de todos. Jesús es nuestra paz (cf. Ef 2, 14), que trajo al mundo la semilla del amor, del perdón y de la paz, más fuertes que el odio, el pecado y la violencia. Ante la tentación de considerar la paz como una utopía inalcanzable, hay que afirmar que la paz es posible, necesaria y apremiante. Las guerras, el terrorismo, la violencia y la intolerancia, las injusticias y las desconfianzas, los sufrimientos, hacen más urgente, la oración sincera y el compromiso efectivo por la paz, tarea de todos, necesario el granito de arena que cada uno pueda ir aportando. 

Hace algunos meses participábamos de la canonización de Juan Pablo II, junto a Juan XXIII, el 27 de abril, por el Papa Francisco. En este mes de octubre, estaremos recordando su memoria en la liturgia del miércoles, 22 de octubre, fecha para la fiesta de San Juan Pablo, en recuerdo del inicio de su pontificado en 1978.

San Juan Pablo II promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en varias ocasiones a encuentros de oración por la paz, especialmente en Asís. Además, se propuso luchar por la paz a través de la mediación en múltiples conflictos, así como la incentivación de iniciativas de reconciliación. Fue así, promotor de la paz, que San Juan Pablo II se constituyó en referencia de la esperanza de un mundo mejor entre creyentes y no creyentes. 

Sigamos haciendo nuestra la insistente invitación de nuestro Padre y Pastor, Mons. Ruy Rendón, la acción en favor de la paz a través de la oración confiada e insistente a Dios. Oración por el don de la paz: Jesús, el Príncipe de la Paz, es quien puede dar la auténtica paz al corazón del hombre, a las familias y a cada rincón de nuestra querida Nación. Esta paz es mucho más que la paz externa, social o política, la convivencia pacífica y respetuosa, o la simple ausencia de agresiones o de conflictos. Esta paz es la paz plenamente humana, que comienza en el corazón de cada uno. 

Oremos y marchemos por la paz, que cada católico en la Diócesis de Matamoros se convierta en testigo comprometido por la paz y constructor de una cultura de paz. Unidos a todos los hombres de buena voluntad, trabajemos por el respeto efectivo de la igual dignidad de todo ser humano, poniendo en práctica el amor fraterno hacia todos. 

Hagamos nuestro el testimonio de vida que nos compartió San Juan Pablo II: el testigo de la paz respeta, acoge y perdona al otro, trabaja para que se implante la justicia para todos los hombres y entre todos los pueblos, se muestra solidario con el que sufre o padece pobreza material o espiritual, fomenta el diálogo sincero, la comunicación y la reconciliación entre los hombres desde la verdad,  la libertad responsable y la caridad. La paz es obra de conciencias que se abren a la verdad, a la justicia y al amor. Con Jesús y María, oremos por la paz…

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