Importancia de los estudios filosóficos

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José Vicente Pérez Salazar. |

Segundo de Filosofía

José Vicente Pérez Salazar

José Vicente Pérez Salazar

¡Hola a todos los amigos del Seminario! Me da mucho gusto saludarles a través de este medio. Que Dios permanezca siempre en ustedes. En esta ocasión les compartiré la importancia de los estudios filosóficos dentro de nuestra formación en el Seminario.

Sin duda alguna, la filosofía marca un momento importante en la formación intelectual del candidato al sacerdocio. Los estudios filosóficos son escuela de reflexión. Por medio de la filosofía el seminarista aprende a reflexionar profundamente en clave de ser, de objetividad. Por ella agudiza el sentido crítico, se entusiasma por la verdad dondequiera que ésta se encuentre, y aprende a descubrir y refutar los errores.

En segundo lugar, con la filosofía, se recibe todo el patrimonio de sabiduría, tan antigua como la misma humanidad (cf. Congregación para la Educación Católica, La enseñanza de la filosofía en los seminarios, III.2).

En el estudio de la filosofía se encuentra el estudiante, de modo hondo y sistemático, con los más agudos problemas teóricos y existenciales del ser humano, profundizando en sus raíces. Así el seminarista entra en contacto con las ideas que han marcado el curso de la historia y que han ido esbozando lo que el hombre sabe “humanamente” sobre sí mismo, sobre el mundo y sobre Dios. Por ello se dice que la filosofía tiene un valor cultural insustituible; ella constituye el alma de la auténtica cultura.

Por otro lado, la filosofía constituye un precioso auxilio para la fe y para la teología. Es necesario evitar a toda costa una ruptura interior entre fe y razón. El “amor a la sabiduría”, por su fidelidad a la verdad, ayuda a encontrar el acuerdo entre el conocimiento de la razón que ha de reconocer los propios límites y el conocimiento de la fe que la sublima.

Además el estudio de la filosofía resulta ser un instrumento útil para la teología, sea a título de las nociones y principios que presta a la especulación teológica, sea por los procesos de reflexión que ofrece para la recta sistematización del discurso sobre Dios y para la profundización del dato revelado. Por esto resulta normalmente más provechoso realizar los estudios filosóficos antes que los teológicos.

El camino para alcanzar estas metas lo marca la Optatam Totius al recomendar que en los estudios filosóficos, tanto los formadores como los alumnos, concedan particular importancia a la filosofía sistemática y a cada una de sus partes, de forma que los futuros sacerdotes lleguen, por encima de todo, a un conocimiento sólido y coherente del hombre, del mundo y de Dios, apoyados en el patrimonio filosófico de perenne validez, teniendo también en cuenta las investigaciones filosóficas de la edad moderna, particularmente aquellas que ejercen mayor influjo en la propia nación, y los últimos progresos de la ciencia. (OT 17, Ratio Fundamentalis 71). 

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