ATENCIÓN A LOS ENFERMOS III – Salvifici doloris: “El dolor que salva” (1)

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Por: Sem. Martín Nicolás Hinojosa Torres. |

Primero de Teología

Martín Nicolás Hinojosa Torres

Martín Nicolás Hinojosa Torres

Es bueno encontrarnos de nuevo queridos amigos, lectores asiduos del boletín mensual Nuestro Seminario y en esta alegría los saludo con afecto. Para dar seguimiento a la serie de la temática acerca de la atención a los enfermos, en esta ocasión presentaré una carta apostólica, Salvifici doloris, emitida el 11 de febrero de 1984, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, por el entonces Papa Juan Pablo II, ahora santo. Podemos identificar como contexto de la carta, el cierre del Año de la Redención, convocado por él mismo, así como un discernimiento personal fruto de una profunda reflexión acerca del sentido cristiano del sufrimiento humano, después del atentando que sufrió en la Plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1983 y por el cual estuvo al borde de la muerte.

La carta se divide en ocho partes o capítulos que explican ampliamente una antropología y teología del sufrimiento humano. El hombre sufre de modos diversos, no siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones (SD no. 5). Juan Pablo II considera la amplia gama que el dolor y sufrimiento humanos abarcan; una gama que no puede delimitarse al padecimiento físico, sino que va más allá. Existe una distinción entre el sufrimiento físico y el sufrimiento moral, debida a la dualidad que el ser humano ostenta: un espíritu encarnado (Cfr. LUCAS, R. 2003). Pareciera, comenta San Juan Pablo II, que existe una similitud entre los términos sufrimiento y dolor, explicando que, el sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera duele el cuerpo, mientras que el sufrimiento moral es dolor del alma(SD no. 5).

¿Tiene o no sentido el sufrimiento? Una de las preguntas que surgen ante el sufrimiento experimentado es el ¿por qué?, como buscando una respuesta a la causa, a la razón de dicho sufrimiento, ¿cuál es la finalidad de dicho sufrimiento?, ¿para qué?; el hombre no sólo se hace estas preguntas a sí mismo, sino que  pregunta a otros hombres, en su misma situación y además pregunta a Dios como Creador. A la par de estás preguntas vienen otras como ¿porqué el mal en el mundo? En ambas cuestionantes resulta especialmente difícil una respuesta aislada de la palabra sufrimiento. En el próximo número de Nuestro Seminario, continuaremos comentando esta bella Carta Apostólica que nos ayuda a comprender con claridad el sentido cristiano del sufrimiento humano.

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