Mi experiencia de apostolado

 

Por: Sem. Ángel Adolfo Rivera Montoya. |

Segundo de Filosofía.

Ángel Adolfo Rivera Montoya

Ángel Adolfo Rivera Montoya

“EL SEMINARISTA VIVE LA BELLEZA DE LA LLAMADA EN EL MOMENTO QUE PODRÍAMOS DEFINIR DE ENAMORAMIENTO”. Ésta frase es la misma que el Papa Emérito  Benedicto XVI pronunciara a los seminaristas en Colonia en el 2005, y no cabe duda que el enamoramiento del seminarista hacia el ministerio sacerdotal nace de la experiencia pastoral, la cual realizó con alegría durante este año en la parroquia San Martin de Porres, en la colonia Sección 16, aquí en la ciudad sede de la Diócesis de Matamoros.

Actualmente mi experiencia de apostolado es muy rica, por las mañanas colaboro en la catequesis infantil, apostolado que disfruto mucho porque me recuerda el tiempo en que sentí el llamado a la vida sacerdotal, pues antes de ingresar al Seminario colaboraba en la catequesis de mi parroquia (San José de la Noria, en Apodaca N.L.) y éste mismo apostolado lo he desempeñando a lo largo de estos siete años de formación, los primeros cuatro como auxiliar de catequista, y dos como acompañante y encargado de la formación de las catequistas y ahora este año nuevamente como auxiliar en el grupo de Primera Comunión, por lo cual agradezco la confianza del Señor, pues me permite colaborar en la formación de los cristianos del futuro.

Así mismo por las tardes colaboro con el grupo de jóvenes de la parroquia, cabe destacar que esto si es un apostolado nuevo para mí, pues nunca pertenecí ni he acompañado a ningún grupo de jóvenes, pero en este ámbito hago mi  mejor esfuerzo por acompañar y por integrarme al grupo de la parroquia.

También visité capillas que se encontraban en algunos ejidos y que hasta el pasado 21 de septiembre pertenecieron a la parroquia San Martín de Porres, pues ese día se llevó a cabo la erección de una parroquia: María Madre de la Luz, y ahora éstas capillas formarán parte de la nueva parroquia.

Finalmente les reitero mis oraciones por todos ustedes y les pido oración por mis compañeros y un servidor, para que poco a poco se forme en nosotros un corazón sacerdotal semejante al de Jesús el  Buen Pastor.

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