ATENCIÓN A LOS ENFERMOS II – Los sacramentos de salud

Por: Sem. Martín Nicolás Hinojosa Torres.  |

Primero de Teología.

Martín Nicolás Hinojosa Torres

Martín Nicolás Hinojosa Torres

Una vez más estamos aquí, saludándoles apreciables lectores, deseando paz y bien para todos y cada uno de ustedes y retomar así la temática acerca de la atención a los enfermos que iniciamos anteriormente en el articulo ATENCIÓN A LOS ENFERMOS. ¿POR DÓNDE INICIAR?   de Nuestro Seminario. Hemos revisado hasta ahora el concepto de enfermedad, los fundamentos bíblicos que hablan en torno a dicho problema que se le presenta al ser humano, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (cfr. N.S. Ed.). Ahora, profundizaremos en lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica acerca de los sacramentos de salud.

Se entiende por sacramentos de salud, a aquellos cuyos efectos producen en los fieles la salud, no solo del cuerpo, sino también del alma, a saber: el Sacramento de la Reconciliación y El Sacramento de la Unción de los Enfermos (Cfr. C.E.C. 774, 1076, 1084 y 1131). Así pues, con el Sacramento de la Reconciliación, se restaura la relación íntima con Dios y con la Iglesia, rota después del pecado cometido (Cfr. C.E.C. 1440). En cuanto al Sacramento de la Unción de los Enfermos, podemos aseverar que es por excelencia, el sacramento administrado para la restitución de la salud física y espiritual de los fieles, orando a Dios por su recuperación integral, siempre en conveniencia a su proceso de salvación personal (Cfr. C.E.C. 1324, 1325, 1441, 1511). También me gustaría mencionar la Sagrada Eucaristía, fuente y cúlmen de la vida cristiana (LG 11; C.E.C. 1324), -que aunque no forma parte de los sacramentos de curación, sino de los sacramentos de iniciación cristiana-, pues es fuente inagotable de donde manan todo tipo de gracias de parte de Dios, entre ellas la salud de alma y cuerpo. Por esto, la última recomendación del alma de un moribundo, es precisamente la comunión sacramental del Cuerpo de Cristo, cuya compañía fungirá como viático seguro a la vida eterna (C.E.C. 1392).

Es así estos sacramentos, la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y la Sagrada Eucaristía, unidos entre sí, ofrecen a todo fiel cristiano una medicina celestial que recupera la comunión con Dios, con la Iglesia y consigo mismo.

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