¿Cuál fue el aporte de San Jerónimo a los estudios bíblicos?

Por: Sem. Mario Alberto Correa Ledezma. |

Cuarto de Teología.

San Jerónimo, un Padre de la Iglesia que puso la Biblia en el centro de su vida.

Benedicto XVI

 

Mario Alberto Correa Ledezma

Mario Alberto Correa Ledezma

Queridos Lectores de Nuestro Seminario es un placer para mí volver a encontrarme con ustedes mediante estas líneas; les envío un cordial saludo y un gran abrazo y aunque es una realidad que sus rostros me son ajenos sé que por su oración son parte de mi vocación. Iniciamos el mes de septiembre, el Mes de la Biblia en nuestra querida Diócesis de Matamoros y esto nos da ocasión para dar respuesta a la pregunta de nuestra sección sobre el papel de San Jerónimo en los estudios bíblicos.

 San Jerónimo, uno de los grandes Padres latinos de la Iglesia, junto a las figuras de San Agustín de Hipona, de San Ambrosio de Milán y de San Gregorio Magno, ha sido considerado como el «príncipe de los traductores» de la Biblia y el exégeta, por excelencia, de los Padres de Occidente. Benedicto XVI, nuestro Papa emérito, nos recuerda que San Jerónimo puso la Biblia en el centro de su vida: la tradujo al latín, la comentó en sus obras, y sobre todo se esforzó por vivirla concretamente en su larga existencia terrena, a pesar del conocido carácter difícil que le dio la naturaleza.

 Su formación literaria y su sabiduría permitieron a San Jerónimo revisar y traducir muchos textos bíblicos. Basándose en los textos originales, escritos en griego y en hebreo, comparándolos con versiones precedentes, revisó los cuatro evangelios en latín, luego los Salmos y gran parte del Antiguo Testamento.

 Teniendo en cuenta el original hebreo, el griego de los Setenta —la clásica versión griega del Antiguo Testamento que se remonta a tiempos precedentes al cristianismo— y las precedentes versiones latinas, San Jerónimo, apoyado después por otros colaboradores, pudo ofrecer una traducción mejor: la así llamada “Vulgata”, el texto “oficial” de la Iglesia latina, que fue reconocido como tal en el Concilio de Trento y que, después de la reciente revisión, sigue siendo el texto latino “oficial” de la Iglesia.

 ¿Qué podemos aprender nosotros de San Jerónimo?

Me parece que sobre todo podemos aprender a amar la palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Dice San Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo“. Por eso es importante que todo cristiano viva en contacto y en diálogo personal con la palabra de Dios, que se nos entrega en la Sagrada Escritura. Este diálogo con ella debe tener siempre dos dimensiones: por una parte, debe ser un diálogo realmente personal, porque Dios habla con cada uno de nosotros a través de la Sagrada Escritura, y por otro lado es palabra que construye a la comunidad, que construye a la Iglesia. Así pues, debemos leerla en comunión con la Iglesia viva. El lugar privilegiado de la lectura y de la escucha de la palabra de Dios es la liturgia, en la que, celebrando la Palabra y haciendo presente el sacramento el Cuerpo de Cristo, actualizamos la Palabra en nuestra vida y la hacemos presente entre nosotros.

 Aprovechemos este mes de la Biblia y cada día de nuestra vida para entrar en contacto con Cristo vivo en la Sagrada Escritura.

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