Cuaresma, tiempo de conversión.

Forma e Informa

Por: Diác. José Alfredo Cuellar Cervantes |
4to. de Teología / Diócesis de Nuevo Laredo |
 
Diác. José Alfredo Cuéllar Cervantes

Diác. José Alfredo Cuéllar Cervantes

         Al llegar la cuaresma para muchos es tiempo de renovarse, de revisión de la vida cristiana, en pocas palabras la oportunidad de convertirse. La conversión puede ser el dejar un mal hábito o costumbre, hacer el propósito y el esfuerzo para dejar un pecado. Tal pareciera que es como los propósitos que, no hace mucho, hicimos al inicio del año civil y que no tenían otra intención que la de superarnos y ser mejores. Sin embargo así como muchas veces estos son olvidados, algo similar nos puede pasar en el tiempo de la cuaresma, comenzar con ánimo renovado desde el miércoles de ceniza con propósitos claros de cambio de vida y hacer el esfuerzo por alcanzarlos, pero quedarnos muchas veces a la mitad del camino o cumplirlo pero sin el mismo espíritu de esfuerzo de transformación de la vida con el que iniciamos.

          Creo que uno de los más grandes obstáculos de nuestros esfuerzos por cambiar es que intentamos hacer algo excelente como es la conversión, pero no tomamos a Dios en cuenta. Y pasa de ser un encuentro de Dios a ser una  propuesta de instrumentalizar a Dios, de usarlo para los propios intereses, para la propia gloria y para el propio éxito. Y entonces, en esencia, ponerse uno mismo en el lugar de Dios, sacándolo de la propia existencia y haciéndolo parecer superfluo. Cada uno deberíamos de preguntarnos entonces: ¿qué lugar tiene Dios en mi vida? ¿Es Él el Señor o yo ocupo ese lugar?

            El Papa emérito Benedicto XVI  a este respecto dice: «Superar la tentación de someter a Dios a sí y a los propios intereses o de ponerlo en un ángulo y convertirse al justo orden de prioridad, dar a Dios el primer puesto, es un camino que cada cristiano debe recorrer siempre de nuevo. “Convertirse”, una invitación que escucharemos muchas veces en Cuaresma, significa seguir a Jesús de modo que su Evangelio sea guía concreta de la vida, significa dejar que Dios nos transforme, dejar de pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia, significa reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y sobre todo “perdiendo” nuestra vida en Él podemos ganarla».

          Estimados amigos y bienhechores de nuestro seminario que en este tiempo de cuaresma sea la oportunidad para que Dios actúe en nuestra vida, que Él sea el centro de nuestro pensar, nuestro sentir y nuestro actuar. Convertirse significa no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, Dios se convierta en lo más importante. Pregúntate ¿En este tiempo de conversión es Dios el centro de mi vida? Cuaresma, tiempo de conversión. Tiempo para comenzar de nuevo. Tiempo para amar y para dejarnos amar por él, por Dios. No es tiempo de grandes obras humanas, sino un camino de fe, es tiempo de demostrar a Dios que estamos aquí junto a él y no le dejaremos ni ahora, ni más tarde, para que así al final resucitemos con Él. 

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