Signos de la Confirmación

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Augusto Hernández Ramírez

Augusto Hernández Ramírez

Por: Sem. Augusto Hernández Ramírez

Cuarto de Teología

A los bautizados, “el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras” (Catecismo de la Iglesia Católica 1285).

La renovación Bautismal: La liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmados” (CIC 1298). Este signo es muy especial, pues el único sacramento en que se renueva explícitamente el Bautismo es en el sacramento de la Confirmación, lo que nos indica que éste se encuentra en prolongación del primero. La renovación bautismal tiene dos momentos muy significativos: Una renuncia en que rechazamos: al demonio, a sus obras que quitan y debilitan la vida, y a los poderes que en el mundo hacen alianza con las fuerzas de la muerte. Una profesión en la que confesamos: Creer en Dios Padre y Creador, en Dios Hijo hecho Hombre para nuestra redención, en Dios Espíritu Santo Señor y Dador de Vida, y, en la Iglesia a la que reconocemos como el gran signo que manifiesta a Cristo en el mundo continuando su misión evangelizadora.

Imposición de manos invocando al Padre la efusión del Espíritu Santo: El obispo extiende las manos sobre todos los confirmados, gesto que, desde el tiempo de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu.

Unción con imposición de la mano: El sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.

El beso de paz: El rito sacramental llega a su fin con un signo cálido y hermoso, de amor paterno, de confianza, de comunión.

Los efectos de la Confirmación: De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés. Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal: Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir “Abbá, Padre”. Nos une más firmemente a Cristo. Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo. Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia. Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la fe.

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu.

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