Apostolado en la Parroquia de Guadalupe

Aprendiendo a ser pastores

…y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre (Col. 3,17).
 

Por: Sem. Mario Cruz Loya

Cuarto de Teología

Mario Cruz Loya

Mario Cruz Loya

Es un privilegio poder expresar nuestra gratitud a Dios con nuestras propias palabras y acciones. Solo pensar en sus maravillas causa gozo en el corazón. Tener una actitud de agradecimiento fortalece la fe, nos hace crecer en nuestro caminar con el Señor y trae muchas bendiciones a nuestras vidas.

            En esta ocasión me ha tocado compartir en la alegría de la fe, mi labor de apostolado, el cual realizo con mucho gusto desde el comienzo de este ciclo escolar en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de Matamoros. Hasta el día de hoy puedo elevar mi oración a Dios con mucho entusiasmo, pues la comunidad desde el primer momento en que llegue me ha cobijado con el amor de Dios que mora en medio de ellos.

            Este año ha sido de muchas bendiciones para mi persona, una de ellas es poder llevar a los demás mi experiencia de vida en la fe del Señor, sin embargo, reconozco que más allá de lo que yo he podido trasmitir, la comunidad se ha encargado de enseñarme con su sencillez y entrega lo que el discípulo amado vive en el día a día, que no es otra cosa sino la confianza amorosa que Dios va delante de nosotros y resguarda nuestro camino.

            Durante mi estancia en la parroquia, desarrollo diversas actividades, entre ellas se encuentra el acompañamiento en la catequesis durante la mañana, que sin duda alguna es una experiencia muy bella, pues teniendo presente el mandato del Señor: “Dejad que los niños vengan a mi… (Mt 19,14)” he aprendido que la fe de los niños es tan hermosa y sin fingimiento, pues ellos reciben en su corazón todo lo que sus maestros y catequistas les enseñan, y en muchas ocasiones sus preguntas desatinan hasta al más sabio, pues su saber nace del corazón.

            Por otra parte, durante la tarde acompaño a los jóvenes de la parroquia, que en muchas ocasiones me sorprenden con sus testimonios de fe, para mí son un gran orgullo, pues en ellos veo grandes esperanzas para vivir cada día el Evangelio a pesar de sus dificultades, ellos me han enseñado que a pesar de tener realidades diferentes podemos encontrar en los demás a verdaderos hermanos, pues aun en medio de la diversidad tenemos algo que nos da unidad, es decir, nuestra fe.

            Por último, me gustaría compartir y agradecer por este medio la riqueza que significa compartir este día a lado de dos testimonios de fe y entrega a Dios, que han representado durante este año un verdadero impulso a mi vocación, ellos son el Padre Efraín Pelayo Velasco, párroco de la comunidad y el Padre José María Hernández Muñoz, vicario parroquial, pido a Dios que bendiga siempre su ministerio en favor de su pueblo.

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