El Adviento es un tiempo de espera

Santiago Franco Melchor | Parr. Ntra. Sra. de Guadalupe. Reynosa.

 

Por: Sem. Santiago Franco Melchor |

Tercero de Teología |

Regularmente, al hablar de Adviento, ubicamos un tiempo concreto del modo de expresar nuestra fe católica, donde en el ambiente de nuestras celebraciones litúrgicas es común observar el color morado, una corona con velitas, los cantos e himnos gritando la espera del libertador, como el tradicional “Ven Señor no tardes” o algunos otros que anuncian la llegada de Jesús y la actitud de espera de aquellos que anhelan la llegada del Reino de Dios. Y nada de esto es incorrecto, pues en realidad son signos que alimentan este tiempo de preparación para la celebración de la Navidad en nuestra Iglesia, y que representa un nuevo año de nuestro calendario litúrgico.

Este tiempo de espera a la llegada del Salvador, al nacimiento de Jesús, que celebramos como solemnidad el día 25 de diciembre, inicia cuatro domingos anteriores y próximos a esta fecha, donde la Iglesia propone reflexionar acerca de la venida de Jesús al final de los tiempos y  la meditación del misterio de la encarnación de Dios. Son cuatro domingos en donde la liturgia nos invita a prepararnos con toda nuestra vida para recibir a nuestro Señor, es sin duda, un  espacio importante para la reflexión de nuestra vida en relación al modo en que vivimos nuestra adhesión a Dios.

Desde el aspecto etimológico, atendiendo a una definición de la palabra adviento, encontramos que proviene del latín adventus, que significa venida o llegada, y la venida que esperamos es la de Jesús nuestro Salvador.

Usualmente, cuando sabemos que alguien muy querido va a venir a nuestra casa, nos preparamos con anticipación, limpiamos la casa, preparamos un lugar donde se hospede el invitado, hacemos una rica comida de bienvenida y todas las demás cosas que nos esmero realizamos en honor a tal visita, pero sobre todo, hay también una gran disponibilidad a recibirlo y lo hacemos con alegría, pues es alguien a quien queremos mucho.

Lo mismo debe suceder en el tiempo de Adviento, la visita que está por llegar es Jesucristo mismo, por tanto es indispensable que limpiemos nuestra casa, y no me refiero a el hogar material, sino nuestra persona, acercándonos al sacramento de la reconciliación y a la comunidad parroquial; es indispensable que preparemos un gran banquete para recibir al Señor, por ello es preciso mantenernos practicando las buenas obras; compartir con los demás, sobre todo con aquellos que realmente lo necesitan; orando por los demás, de manera especial por aquellos que no conocen a Cristo, sirviendo en la comunidad; pero lo más indispensable es, que en este Adviento esperemos al Salvador abriéndole nuestro corazón, es decir, dejando que sea Él quien actúe; no pongas obstáculos, Él desea entrar en ti y transformar tu vida. Así pues, este Adviento invita al Señor a tu “casa”, tu persona, déjalo entrar y pídele que trasforme tu vida, así, al finalizar la noche del próximo 24 de diciembre podrás desear a tus hermanos un feliz nacimiento de Cristo en sus vidas, como esperamos para ese momento ya haya nacido en ti.

¡Feliz Navidad a todos!

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