Pastoral de la salud….Verdadero testimonio de amor del cielo, aquí en la tierra

Por: Sem. Noé Triana Cortés |

Primero de Teología |

El hospital es el Jardín perfumado y delicioso de la caridad”  San Camilo |

Parr. Ntra. Sra. de Guadalupe. Nuevo Laredo.

Parr. Ntra. Sra. de Guadalupe. Nuevo Laredo.

Me lleno de gozo en el Señor Jesús, al saber que se me ha encomendado trabajar en tan noble tarea como es la Pastoral de la Salud. Soy seminarista de la Diócesis de Nuevo Laredo y me siento muy feliz de continuar mi formación,  cursando el primer año de Teología, aquí en la Diócesis de Matamoros. En un principio mi Obispo Mons. Gustavo Rodríguez Vega, me comunicó que iría a estudiar a México, pero posteriormente cambiaron los planes y se decidió que viniera a Matamoros, donde  he recibido y percibido la caridad de Jesús en mis hermanos seminaristas; también soy testigo de la generosidad de los formadores y sacerdotes de esta hermosa Diócesis. Doy gracias a Dios por estar en esta Bendita Casa de Formación, y poder continuar con mis estudios.

 Esta experiencia de la Pastoral de la Salud es nueva para mí, ya que siempre he realizado mi apostolado en comunidades parroquiales. Cuando el Padre Rector nos pidió que escribiéramos en una hoja, en qué pastoral nos gustaría trabajar para nuestro apostolado, sin pensarlo mucho, decidí entre las tres opciones la Pastoral de la Salud, ya que en mi año de magisterio fui en varias ocasiones al ISSSTE de Nuevo Laredo, a llevar la comunión a los enfermos. Soy sincero, al principio tuve sentimientos encontrados al ver los enfermos en el hospital, pero al paso del tiempo fui viendo en ellos el rostro doliente de Cristo, pero también un rostro alegre y lleno de esperanza ante el dolor; sin duda, ellos animan mi vocación y fe con su testimonio de vida.  El rostro de Cristo que me invitaba a seguirlo más de cerca para ir comprendiendo su pasión, pero sobre todo su misericordia y amor por los más desamparados. Es así, como me decidí por la Pastoral de la Salud.

Agradezco a Dios estos dos meses en los que, guiados por el Padre Tiburcio, quien es encargado de esta Pastoral aquí en Matamoros, mi compañero Román y yo, hemos trabajado con entusiasmo en el hospital: llevando la comunión a los enfermos, apoyando en la Celebración de la Palabra, pero también con la tarea de dar formación a los grupos de las parroquias que tienen la Pastoral de los enfermos. Uno de nuestros proyectos y objetivos es ir formando grupos de la Pastoral de la Salud en las parroquias que no tienen esta dimensión de la Pastoral Social.

 Queridos hermanos ante esta grata experiencia que estoy viviendo, les invito a que abramos nuestro corazón ante el dolor, de manera especial con los enfermos. ¡Sí!, esos enfermos que se encuentran en nuestras casas, en los hospitales, en las calles; son ellos, esas piedras preciosas en el camino que conducen al Cielo.

 Como decía San Camilo, “dichosos vosotros si podéis ir acompañados al tribunal de Dios por una lagrima, un suspiro o una bendición de estos pobres enfermos”.

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