“Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” Jn. 15,13

Por: Sem. Mario Iván Márquez Mata |

Red de Amigos |Valle Hermoso  |

Rec. Cristo Rey. Matamoros.

Rec. Cristo Rey. Matamoros.

La amistad es una de las experiencias más enriquecedoras en la vida de los hombres. A través de la amistad Dios nos revela su amor, ese amor que como creaturas hechas a imagen suya, somos capaces de dar incondicionalmente a los demás.

 Saludo con gran afecto a todos los amigos de Nuestro Seminario, que con gestos de amor y generosidad apoyan nuestra formación sacerdotal.

 Mi nombre es Mario Iván Márquez Mata, hace algunos meses terminé mis estudios filosóficos en la ciudad de Saltillo, Coahuila, y después de 4 años, con mucha alegría he regresado a mi casa mater, el Seminario de Matamoros; la alegría que surge al estar de nuevo sirviendo al pueblo de Dios  que con generosidad, amor y oración  reafirma día a día mi deseo de entregarme a Dios en su servicio.

A mi llegada, se me ha pedido ejercer mi apostolado en la Red de Amigos del Seminario, específicamente con los amigos de la ciudad de Valle Hermoso. Durante este tiempo he tenido la oportunidad de compartir la vida y la vocación con algunos de ellos, ya que hasta ahora, mi trabajo se ha enfocado en conocer a nuestros colaboradores de la red y atender las necesidades que van surgiendo. Cada segundo sábado de mes nos reunimos para celebrar la Eucaristía, hasta ahora en la parroquia de Guadalupe, donde les he expresado mi deseo de ser cercano con ellos; de brindarles mi amistad y cariño; mi deseo de conocerles y que me conozcan.

 Sepan que estoy enormemente agradecido con ustedes mis queridos amigos, porque aunque ha pasado muy poco tiempo, me han abierto las puertas de su corazón, brindándome su confianza, cariño y amistad. Me siento abundantemente agradecido con Dios por ponerlos en mi camino, sepan que siempre están en mis oraciones y en mi corazón.

 Los invito a seguir adelante con esta gran obra, a poner todo su empeño para que esta gran familia siga creciendo; sigamos orando por las vocaciones sacerdotales, con la confianza de que Dios no deja de asistirnos con su gracia, a través de santos sacerdotes.

 Me despido de ustedes con un caluroso abrazo,  deseando que la paz y el amor de Cristo reinen en sus vidas.

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