Las funciones del canto y de la música en la liturgia

Por: Sem. Augusto Hernández Ramírez |

Cuarto de Teología |

“La acción litúrgica adopta una forma más noble cuando se celebran solemnemente, con el canto,

los oficios divinos en los que intervienen los ministros sagrados y el pueblo participa activamente” (SC 113).

Parr. Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. Matamoros.

Parr. Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. Matamoros.

Las funciones del canto y de la música en la liturgia se definen  por sus características, puestas al servicio de los fines de la liturgia. Entre las características antropológicas del canto y de la música, destacan las siguientes:

1. El canto es expresión del mundo interior del hombre, es decir, de sus sentimientos, vivencias, deseos e ideas. Es un medio de expresión universal más intenso aún que la palabra, un lenguaje que  está presente en todas las épocas y culturas de la humanidad. Por este motivo no ha de ser considerado el canto como un cierto ornato que se añade a la oración, como algo extrínseco, sino más bien como algo que dimana de lo profundo del espíritu del que ora y alaba a Dios, y pone de manifiesto de un modo pleno y perfecto la índole comunitaria del culto cristiano (Ordenación General de la Liturgia de las Horas  270).

2. Expresión poética. El paso de la palabra al canto se produce, generalmente, a través de la función poética del lenguaje. Cuando se habla, de suyo lo más importante es lo que se dice, o sea, la comunicación de una idea  o de un concepto. Sin embargo, el canto no se queda en esta finalidad práctica y, en cierto modo, utilitario. Lo mismo que la poesía, el canto contiene un mensaje en sí mismo, es una acción que se justifica por sí sola.

3. El canto crea comunidad, es decir, une y refuerza los vínculos de un grupo y es un signo de comunión. Cantar crea una atmósfera de sintonía, por encima de individualismos y diferencias de cualquier tipo. El que canta sale de su aislamiento interior y se pone en actitud de comunicarse; renunciando al propio tono de voz y al propio ritmo, se acomoda al tono y al ritmo que exige el canto y contribuye a la unidad del grupo.

4. Ambiente de fiesta. Los valores señalados antes convergen todos en este último, es decir, en la fiesta como atmósfera que ha de envolver toda la celebración. En este contexto, el canto sirve para liberar sentimientos, normalmente inhibidos; la dimensión poética contribuye fuertemente a crear un clima agradable, y los aspectos comunitarios del canto provocan también un sentimiento gozoso común. En la celebración hay que esforzarse en primer lugar porque los espíritus estén movidos por el deseo de la genuina oración de la Iglesia y resulte agradable celebrar las alabanzas divinas (OGLH 279).

Todos sabemos que la música juega un papel importante en nuestras celebraciones litúrgicas. Un pueblo que canta con entusiasmo, sea a capella o acompañado por instrumentos musicales, participa activamente del culto litúrgico que le tributamos a Dios y aprovecha mejor este culto terrestre, que ha de ser imagen y anticipo de la liturgia del cielo. Esta acción comprende en primer lugar la respuesta a la Palabra de Dios, en el diálogo que se produce entre Dios y su pueblo: Cristo sigue anunciando el Evangelio. El pueblo responde a Dios con cánticos y oraciones (SC 33).

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