Emprendiendo la respuesta vocacional…una respuesta de fe

Por: Sem. Jesús Ramón Martínez Longoria |

Curso de Humanidades |

«Sé fuerte y valiente […] El Señor que te conduce estará contigo;

Él no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes » Dt 31, 7.8

Esta es una cita bíblica que en  lo personal ha marcado mi vida, y utilizándola como referencia quisiera compartir con ustedes, queridos hermanos, mi experiencia en este camino de la respuesta vocacional.

Recuerdo que hace cuatro años, inició en mí una inquietud de hacer algo extraordinario de mi vida, algo que fuera diferente a todo lo que normalmente estamos acostumbrados a realizar. Y fue así, que comenzó este caminar por la línea del llamado a la vocación sacerdotal…

En el principio hubo muchas dificultades de carácter familiar y personal, pues la idea de tener un hijo seminarista, a mis papás, al inicio no les parecía del todo bien, y de alguna manera en mi interior meditaba: “Cómo pueden pensar semejante cosa”. Hasta llegue a pensar que no era capaz para esta vocación. Pero recuerdo como si fuera ayer las sabias palabras de Mons. Roberto Ramírez Hernández (de feliz memoria): “Hijo, entiende, Dios no llama a los capacitados capacita a los elegidos”; palabras que ahora relaciono con un fragmento de la carta encíclica Lumen Fidei que dice: “La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor” (LF 4).

 Entonces me di cuenta que, verdaderamente Dios estaba llamándome en ese momento y fue así, como decidí ingresar al Seminario de Matamoros. La noticia a muchos les sorprendió; a mis papás no les agradó, pero era mi decisión y ellos la aceptaron.

En estos momentos me siento muy feliz, porque a pesar de todas las dificultades estoy aquí. Y sí, es cierto, te deprendes y dejas muchas cosas, pero recibes de Dios muchas más. Definitivamente es la mejor experiencia que me pudo haber ocurrido a lo largo de mi corta vida, puesto que: “quien cree nunca está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros” (LF 39).

El hecho de estar aquí y saber que hay muchas personas que oran día a día por nuestra vocación, a mí me motiva de una manera IMPRESIONANTE para seguir y convertirme en un pescador de hombres.

Con mucha alegría lo expreso, esta es una experiencia que no cambio por nada. Aunque ha sido algo difícil la adaptación, vale la pena, porque cuando lo haces con amor los pequeños sacrificios no cuestan, ya que…“La fe transforma toda la persona, porque la fe se abre al amor” (LF 26). Y de esto no me queda duda, puesto que ha habido un cambio muy significativo en mi familia, en mis amigos, en mi comunidad parroquial, y desde luego, también comienzo a ver un cambio en mi persona.

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