Estuve en la cárcel y me fueron a ver

Por: Sem. Jesús Villarreal Estrada|

Primero de Teología|

“Estuve en la cárcel y me fueron  a ver […] 

cuando lo hicieron con alguno

de los más pequeños de estos mis hermanos,

me lo hicieron a mí” (Mt. 25, 36.40)Jesús Villarreal Estrada.

Saludo con gran afecto a todos ustedes, hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Mi nombre es Jesús Villarreal Estrada, actualmente estoy cursando mi séptimo año de la formación sacerdotal en el primer grado del Instituto de Teología.

El pasado mes de agosto la dimensión pastoral, coordinada por nuestro Padre y Rector el Pbro. Lic. Santiago Enríquez Rangel, dio a conocer los destinos de apostolados para este curso escolar. El objetivo de esta dimensión consiste en que el seminarista “viva una comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Cristo a través del estudio y de experiencias pastorales que lo hagan sensible a las necesidades de la Iglesia”. La encomienda, que la dimensión pastoral decidió, fue la de atender la Pastoral Penitenciaria, junto con mi hermano seminarista Roberto Prefecto Martínez, de tercero de teología, específicamente el penal de Santa Adelaida en Matamoros.

En compañía del presbítero Martín Guzmán Vega, Roberto y un servidor estuvimos conociendo la realidad y el ambiente que se vive dentro del penal, conocer las instalaciones y algunas personas con las que trabajaremos durante este tiempo, así como algunas consideraciones que debemos tener para estar en el penal. El proyecto que tenemos para este año de servicio pastoral, en el ámbito catequético, es formar a los presos en la defensa de la fe, por lo que estaremos impartiendo un curso básico de Biblia y de Apologética.

Ciertamente, la misión que tengo ahora, a diferencia de las experiencias vividas en los anteriores apostolados y pastorales, consiste precisamente en llevar, a los hombres y mujeres privados de libertad, la paz y serenidad de Cristo resucitado; hacer presente el amor misericordioso de Dios Padre en medio de sus circunstancias concretas; dar testimonio de esperanza y confianza plena en Dios que nos llama a la conversión y sobre todo, llevar a Cristo mismo que sale al encuentro del hombre para tenderle su mano. Por lo que puedo decir, que mi principal expectativa es ser otro Cristo, que a semejanza del Buen Pastor, va en busca de cada uno de los que desvían del camino.

Por último, quisiera recordar las palabras de Juan Pablo II: “La visita que os hago, aunque breve, significa mucho para mí. Es la visita de un pastor que quisiera imitar al Buen Pastor”. Ciertamente, como lo mencionaba anteriormente, es la principal expectativa de la cual se desprenden las demás, y sé que, con la ayuda de Dios y con su oración, podré lograr dar frutos en esta encomienda, para mayor gloria de Dios.

Sin más, me despido pidiendo a Dios que siga derramando en cada uno de ustedes, y en sus familias, abundantes bendiciones. Me encomiendo confiadamente a cada una de sus oraciones y pido, principalmente, su oración y apoyo para cada uno de estos hombres y mujeres que se encuentran privados de su libertad, recordándoles las palabras de Jesús: “Estuve en la cárcel y me fueron  a ver […] cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí” (Mt. 25, 36.40).

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