“Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 118, 1)

Editorial

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

Estamos en Pascua, Cristo no está muerto, sino que está más vivo que nunca. Hagamos de la Pascua un canto de alegría, de esperanza y de paz. Dios nos ha salvado de la muerte y nos resucita. Reconfortados por Dios, llevemos por doquier este mensaje de alegría, que se renueva -en Cristo resucitado con vigor.

Habemus Papam, con gran entusiasmo hemos sido partícipes, el miércoles 13 de marzo, de la elección del Papa Francisco, los sentimientos de alegría y de acción de gracias han inundado a toda la Iglesia Universal, elevando a Dios una oración ferviente pidiendo que Dios proteja y custodie al nuevo Papa, a quien ya amamos.

El Papa Francisco pueden ser descrito con tres realidades que lo definen muy bien: el tema de la unidad, el tema de la verdad y el tema de la misericordia, dicen los que lo conocen de cerca. Estamos conociendo a un Papa donde la espontaneidad es muy natural, que sabe estar al lado de aquel que lo necesita, de salirse de esquemas preestablecidos para atender con una palabra al otro, que cuida los detalles y las relaciones. En fin, vemos como el Papa presenta la fe de una manera sencilla, tierna y profunda. Por tanto, aprovechemos la confusión para hacer nuestros estos tres valores: unidad, verdad y misericordia. Hagamos nuestros estos valores que vive el Papa Francisco y así, puedan ayudarnos especialmente a cumplir con mayor perfección la misión que el Señor ha querido confiarnos.

El valor de la unidad es un distintivo de los cristianos. Si las personas se unen para realizar actividades y conseguir objetivos, los cristianos deben vivir unidos en torno a Jesús y reunirse para compartir la alegría de la fe. Esto es lo propio de nosotros, estar unidos por la caridad fraterna, pues confesamos un solo Señor y, por la caridad y la obediencia, perseveramos en la comunión fraterna.

El valor de la verdad es fundamental para cualquier sociedad y época. Pero, la verdad tiene una exigencia que muchas veces conlleva el padecimiento, porque Dios es la suma y el fundamento de toda verdad. La mayor recompensa por vivir en la verdad, es que me hace libre; por oposición en contrario, la mentira me esclaviza.

El valor de la misericordia es el hilo conductor de toda la historia de nuestra salvación. Entrar en la dinámica de la misericordia no es nada fácil. Los hombres somos más dados a juzgar, a medir y comparar, incluso a justificarnos por las obras que hacemos aparentando ser justos para Dios. Ante Dios no existe otra salvación que la del amor vivido en la misericordia. Aquí está la gran lección: nadie es justo por su propia justicia, sólo Dios nos justifica desde el amor.

Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia…

Digan los fieles del Señor, eterna es su misericordia.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

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