Gracias Benedicto XVI

Editorial

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

El Santo Padre nos ha dado en numerosas ocasiones durante su pontificado un gran ejemplo de hombre de valor. Él, como Cristo, sabe que debe proclamar la verdad sin detenerse a considerar si esta será aceptada o rechazada, si el Evangelio será acogido o no por la cultura laica, si gustará o no a los poderosos del mundo. No tiene miedo a proclamar la sacralidad de la vida desde el primer momento de la concepción hasta el fin natural de la misma, a presentar ante el mundo el esplendor de la verdad sobre Dios, de la verdad sobre el hombre, de esos derechos inalienables que le son debidos a su dignidad de hijo de Dios.

Él expone sin ambages los valores de la familia, la ética cristiana sobre la sexualidad, la verdadera fe católica. Predica con valor, oportuna e importunamente, las enseñanzas del Evangelio, porque lo que importa en el fondo no es agradar a los hombres, sino cumplir en todo y por encima de todo la misión de servicio a la verdad y al hombre que Cristo le ha confiado.

Valentía

El cristiano ha de ser valiente para emprender grandes obras en favor de la Iglesia y de la difusión de la fe. Numerosos son los cristianos que han defendido a lo largo de la historia con valentía su fe en Cristo. Hoy día se requiere un gran valor para ser cristiano en medio de nuestras sociedades occidentales en las que priva un modelo de vida neopagano. El cristiano tiene que ser valiente para no dejarse arrastrar por esa forma de vida, para proclamar sin miedos su fe en Cristo, para sufrir la calumnia, las burlas y las incomprensiones de un ambiente lleno de hedonismo, de consumismo y de permisivismo.

El cristiano ha de ser valiente también para rechazar todo tipo de mal, especialmente el pecado. Pero la tarea del cristiano no es sólo la de rechazar al mal. Él debe «vencer al mal con el bien» (Rm 12, 21). Y para hacer el bien hay que ser muy audaz, valiente y decidido.

Audacia

Un valor unido al de la audacia es el del espíritu de iniciativa y la capacidad de emprender obras grandes, ser hombres y mujeres de una gran capacidad para proyectar y lanzar nuevas obras, para mirar siempre al futuro, para pensar en grande.

Estos son valores muy importantes que es preciso mantener y cultivar. Cada uno construye con su iniciativa personal, esa vida que recibe como don. No se nos da todo hecho. Debemos trabajar y ser colaboradores con Dios en su obra creadora. Es, por lo tanto, imprescindible poseer estos valores si queremos triunfar en la vida, cumpliendo con la misión que Dios nos confía.

Oremos por Benedicto XVI, por el futuro Papa y por nuestra Iglesia

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