Historia Vocacional

Pastoral Vocacional

Braulio Antonio Méndez Sánchez |Parr. San Martín de Porres, Reynosa

Braulio Antonio Méndez Sánchez

Por: Sem. Braulio Antonio Méndez Sánchez |

Segundo de Teología |

“La llamada de Dios es como la gota de agua que al caer constantemente en la piedra termina por romperla y penetrar en ella”. Palabras más palabras menos, fue la frase que el Padre Felipe (Pepeo) pronunció en la bienvenida del Preseminario de 2006 a los jóvenes que habíamos respondido a la invitación.

Recuerdo que en aquella ocasión el seminarista que visitó la comunidad de San Martín de Porres de Reynosa, a la cual pertenezco, me hacia la invitación a asistir, pero yo decía que no, debido a que ya había ingresado a la universidad y además estaba empezando mi vida laboral como auxiliar administrativo y mi futuro prometía muchos éxitos en lo personal y en lo laboral. Además, la situación económica de mi casa estaba pasando por un mal momento y yo sabía que el ingresar al Seminario implicaba un gasto considerable.

Recuerdo que un viernes del mes de julio, por la mañana, llegué a mi trabajo, escribí mi renuncia, entregué la carta a quien era mi jefe y me dirigí hacia mi casa sin saber lo que estaba haciendo, yo no sabía por qué pero había renunciado. Al pasar por frente de la parroquia mire por la ventana que los hermanos de comunidad y el seminarista estaban subiendo maletas en la camioneta del Padre, llegué a mi casa hice mis maletas, tomé el teléfono avise a mi familia que me iba unos días a un retiro, acto seguido me comuniqué con el párroco para decirle que siempre sí iría.

Mi sorpresa fue cuando escuché que me decía que no, pues ya había ido en muchas ocasiones y no me quedaba, después de tanto rogarle aceptó y viví el mejor de los preseminarios para mí, pues aunque ya me sabía la estructura y las actividades que se realizaban debido a mis anteriores visitas, éste tuvo un tinte muy especial, aquí realmente dispuse el corazón y dejé que la voz de Dios rompiera mi corazón y lo penetrara, así como lo hace la gota de agua con la roca que nos decía el Padre Pepeo.

El problema fue cuando regrese a casa, ¿Cómo les voy a decir? ¿Cómo va a reaccionar mi familia? Decidí que no diría nada y que yo sólo me haría cargo de todos los gastos, exámenes médicos, sotana, cuadernos, libros, ropa, etc. Recuerdo que una semana antes me entregaron mi sotana y mi madre me preguntó que para qué era eso, yo temeroso le respondí que en la parroquia haríamos una obra de teatro y que yo sería un cura. Mama riéndose dijo ¿tú de cura? Jajaja, ¡Que te compre quien no te conoce! Eso reafirmó mi idea de no decir nada hasta el mero día de mi partida.

Pero el Señor me tendría algo preparado, resulta que mi tía Elvira un día antes de mi ingreso al Seminario, mientras acomodaba mi ropa en la cajonera descubrió la carta que el Equipo Formador dirigía a los familiares de quienes habían sido admitidos como seminaristas. Así fue como comenzó el problema ¿cómo era posible que yo me fuera a ir al Seminario? y lo peor, ¿cómo que me iba al día siguiente y ellos ni por enterados?

Después de tantas idas y venidas, al final el Señor acomodó todo y desde aquel momento y hasta hoy ya han pasado más de siete años. Me despido de ustedes encomendándome a sus oraciones y pidiéndoles que oren muy especialmente por aquellos jóvenes que en este momento están llevando un proceso vocacional y están experimentando esos bellos sentimientos que viven cuando te das cuenta que te has enamorado de Dios.

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