Conociendo el Seminario Menor

Por: Gerardo Iván Espinoza Franco |

Curso de Humanidades |

El 3 de agosto ingresé al Seminario Menor de nuestra Diócesis, con una total disposición de entregar mi vida a Cristo, ese día me acompañaron mis padres y algunos amigos, en punto de las 5:00 p.m. nos dio la bienvenida el Padre Rector y el Equipo Formador; después del anuncio de bienvenida tuvimos que despedirnos de nuestros familiares, en lo personal fue algo difícil pero no permití que lo notaran para que no se fueran preocupados ya que yo sabía que realmente no me quedaba solo, me quedaba en presencia de Dios y con una nueva comunidad de hermanos. A partir de ese momento mi vida ha cambiado rotundamente, la buena convivencia con mis compañeros de cuarto y de la comunidad en sí me ha hecho ver la gran diversidad de jóvenes que al igual que yo entregan su vida al Señor.

Hasta el día de hoy el Seminario Menor nos ha acogido de la mejor manera, enseñándonos a valorarnos por nosotros mismos, hemos dejado de ser los hijos de casa donde nuestras madres nos lavaban y planchaban la ropa y, ahora nosotros nos hemos hecho responsables de nuestras obligaciones. El Seminario Menor me ha llenado de espiritualidad y he encontrado en cada uno de mis compañeros grandes hermanos en Cristo. Durante la primera semana, nos dedicamos a conocernos y a interactuar con nuestros compañeros, así como a conocer las normas del Instituto.

Realmente, en el poco tiempo que llevo en el Seminario me ha servido para fortalecer mi fe y seguir firme en la decisión de entregar mi vida a Cristo. Es verdad que de repente cuando las luces se apagan y queda un gran silencio los recuerdos de la familia y amigos vienen a la mente de tal forma que se llega a extrañar a aquellas personas con las que compartíamos nuestros días anteriormente, pero una vez entrado el sueño y despertar en un nuevo día las actividades no permiten que de tiempo para sentirte solo, siempre hay un compañero a tu lado así como también contamos con el apoyo de los Padres Formadores. También es cierto que al pertenecer al Seminario adquieres nuevas responsabilidades, de tal manera que llegan a ser parte de nuestra formación, teniendo siempre a Cristo por motivación.

Si alguien en este instante se atreviera a preguntarme ¿Cómo defines tu estancia en el Seminario? yo les respondería que es la experiencia más hermosa que me ha pasado en mi vida y de la cual jamás me arrepentiré ya que me encuentro infinitamente feliz por estar dedicando mi vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. Me encomiendo a su oración para perseverar en esta aventura iniciada que se llama Seminario Menor.

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