Editorial – Septiembre

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |
 
El Señor Jesús llamó a los que él quiso, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar
(cfr. Mc 3,13-14).

Con grande gozo y esperanza hemos iniciado un nuevo curso escolar en nuestro Seminario, en la casa de formación de los futuros pastores de esta Iglesia particular de Matamoros. Sin duda el buen Pastor sigue acompañando y guiando nuestro Seminario para que, a ejemplo de Él, surjan los pastores que el Pueblo de Dios necesita.

La formación sacerdotal es una responsabilidad compartida. Nuestro Padre y Pastor ha asumido el Seminario como una prioridad de su ministerio episcopal, los Padres Formadores con gran empeño se dedican al acompañamiento de los futuros sacerdotes, los profesores de manera generosa, responsable y desinteresada promueven el futuro del sacerdocio. Invitamos a todas las familias y amigos de nuestros seminaristas, para que permanezcan cerca de los seminaristas y no los dejen solos frente a las grandes elecciones de la adolescencia y de la juventud. Tengan presente su responsabilidad de “acompañar el camino formativo con la oración, el respeto, el buen ejemplo de las virtudes domésticas y la ayuda espiritual y material, sobre todo en los momentos difíciles” (PDV, 68).

Como auténtica familia queremos vivir nuestro itinerario formativo. En el Seminario queremos vivir y trabajar como una auténtica familia, para que de aquí surjan los nuevos pastores que necesita la Iglesia, y en particular nuestra Diócesis. Queremos seguir creciendo en las diferentes dimensiones de formación (humana, espiritual, académica y pastoral), y en especial en un proyecto de espiritualidad que ayude a los seminaristas a fortalecer la fe y a configurarse como auténticos discípulos de Jesús. La casa de formación, antes de ser un espacio material, debe ser un ambiente espiritual, un itinerario de vida, una atmósfera que favorezca y asegure un proceso formativo (PDV 42).

La esperanza en las vocaciones. Nos llenamos de esperanza porque han aumentado los grupos del Seminario menor –especialmente el curso de Humanidades-. Trabajemos todos unidos, en la tarea de formar pastores, se requiere una responsabilidad muy personal de cada uno de nosotros, pero también una corresponsabilidad, puesto que, como Iglesia, como Presbiterio y comunidades parroquiales, todos somos corresponsables de la identificación de cada quien como sacerdote.

Sigamos respondiendo al llamado de Jesús con certeza y convicción, en amistad y comunión a formarse para responder a los retos del mundo de hoy.

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