Editorial Agosto 2012

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

“Les ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; … No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de la renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto” (Rom. 12, 1-2).

Es motivo de gran alegría ver el inicio de un nuevo curso escolar en el Seminario, en nuestra bendita Casa de Formación, pues es contemplar a nuestros seminaristas, a los seminaristas de Matamoros, en camino hacia el sacerdocio, y ver de este modo a la Iglesia del mañana, la Iglesia que vive siempre.

Este texto de la carta a los Romanos nos habla a nosotros hoy. Es una exhortación, una amonestación, pero también consuelo, atención al otro, ternura paterna. Pues, la misericordia de Dios expresa la bondad y la ternura para con nosotros. San Pablo se hace instrumento del hablar de Dios, se hace instrumento del hablar de Cristo; Jesús nos habla a nosotros con gran ternura, con este amor paterno, con esta atención a nosotros: amigos del Seminario, sacerdotes, formadores y seminaristas. Y así no sólo apela a nuestra moralidad y a nuestra voluntad, sino también a la Gracia que está en nosotros, para que dejemos actuar a la Gracia. Es casi un acto en el que la Gracia dada en el Bautismo, debería ser operante en nosotros; así la Gracia (don de Dios) y nuestra cooperación van juntas.

Vivamos este año escolar con esperanza y profunda fe. Que todos nos esforcemos por alcanzar una formación integral, es decir, el desarrollo completo de la persona, en la que resalte la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto. Discernir la voluntad de Dios: esto sólo lo podemos aprender en un camino obediente, humilde, con la Palabra de Dios, con la Iglesia, con los sacramentos, con la meditación de la Sagrada Escritura. Conocer y discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno. Esto es
fundamental en nuestra vida.

Busquemos en cada una de las dimensiones de la formación el transformar nuestra vida y renovarnos desde el interior, desde la mente. Transformarnos a nosotros mismos, dejarnos transformar por el Señor en la forma de la imagen de Dios, transformarnos cada día de nuevo, a través de su realidad, en la verdad de nuestro ser. Y «renovación», esta es la verdadera novedad: que no nos sometamos a las opiniones, a las apariencias, sino a la Gracia de Dios, a su revelación. Dejémonos formar, plasmar para que aparezca realmente en el hombre la imagen de Dios.

Encomendamos a María, madre de los sacerdotes, nuestro Seminario, nuestra formación, nuestro curso escolar. Que ella nos ayude a transformar, a dejar transformar nuestro ser, a ser realmente hombres nuevos, y ser también después, si Dios quiere, pastores de su Iglesia. A todos gracia y bendición.

Anuncios

Etiquetas:,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: