Editorial Julio 2012

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

“Estén siempre dispuestos para dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza” (1 Pe. 3, 15).

Querida familia de Nuestro Seminario estamos llamados a dar razón de nuestra fe, comunicando a Jesús <<la gran esperanza>> al mundo que aspira a la salvación.

Ha terminado la promoción vocacional, ha terminado el preseminario, ha terminado un curso escolar en nuestra bendita Casa de Formación; al cerrar este ciclo, abrimos uno nuevo con muchas esperanzas, ilusiones, anhelos. Por eso, quisiera dirigirme, -con palabras de Benedicto XVI-, a los nuevos seminaristas y a todos los jóvenes con inquietud vocacional: «Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana… Queridos jóvenes: ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo, y encontrarán la verdadera vida» (Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino, 24 de abril de 2005).

Hoy también es un día histórico para nuestra Patria, un día histórico para la democracia en nuestro querido México, un día histórico para todos y cada uno de los mexicanos. Hoy estamos llamados a abordar las implicaciones sociales y políticas de nuestra fe. Demos a Dios el lugar que le corresponde en la sociedad y en la política pues, Dios es el mejor defensor de la verdad, de la justicia y de la paz y por lo tanto el mejor defensor de la Patria, de la sociedad, del ser humano. Que la motivación por construir la democracia nunca se agote, sigamos favoreciendo la conciencia política y la obligación participativa hacia la auténtica democracia, unamos esfuerzos –personas, instituciones y movimientos- en aras de la democracia, que nuestras convicciones, ideas, luchas y entregas tengan como resultado la participación decidida de un sinnúmero de mexicanos hacia la construcción de un México más digno, fraterno y democrático.

Como hombres de fe y esperanza, estamos llamados a reconstruir la paz. Oremos para que el poder, los protagonistas políticos y líderes sociales asuman un compromiso serio para reconstruir la paz, superando todas las cosas negativas que han llevado al país a un atolladero sin salida. Todos como creyentes tenemos la obligación de dar aliento al país, no tengamos miedo, busquemos la paz y la justicia. Busquemos compartir la vida de Dios fuente de vida, de esperanza y amor. Demos cuenta de nuestra esperanza viviendo de acuerdo a criterios verdaderos (los del Evangelio), con opciones valientes (las de Jesús) y asumiendo los desafíos audaces (los del Reino en marcha). Que esta invitación que nos ha hecho la Pastoral Vocacional en este verano –“estamos llamados a reconstruir la paz”-, nos siga impulsando a dar razón cierta de nuestra esperanza.

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