Cristo es nuestra Paz

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

Jesucristo ha traído a los hombres la paz de Dios, y fue constituido fuente de paz y reconciliación para todos los tiempos y para todos los pueblos. Por ello, no debemos acostumbrarnos a vivir en un clima de injusticia y de violencia; de hacerlo, las grandes palabras como paz, justicia, verdad, quedan deformadas y vacías de sentido

La promoción de la vocación sacer- dotal. El sacerdote es constructor de paz, y -aunque poco numerosos- ellos son portadores de la Buena Nueva de Dios por los hombres. Por ello, de cara al anhelo de paz y ante la necesidad de sacerdotes, surge la urgencia de intensificar la Promoción Vocacional que dé respuesta a los nuevos desafíos. En este mes de junio tenemos la ocasión de celebrar, pedir y difundir la paz apoyando el proyecto de Pastoral Vocacional. Anima, suscita, discierne y acompaña a quien se siente llamado a un servicio en nuestra Iglesia de la Diócesis de Matamoros; que el Señor nos bendiga con abundantes vocaciones a la vida sacerdotal, hombres con la misión de establecer entre los hombres relaciones de promoción de justicia y de paz

Construyamos la paz con nuestra participación política. Es importante que el proceso electoral que está desarrollándose en nuestro querido México, se vea como una oportunidad para promover la participación de los ciudadanos en la política, una coyuntura para fortalecer la democracia, una ocasión para buscar el bien común. Oremos por los partidos políticos, por los candidatos y gobernantes para que se sumen a la cons- trucción de la paz, anteponiendo el bien de México. Votemos y desarrollemos un proceso democrático que permita alcanzar la paz. Oremos por la justicia y la verdad en los resultados electorales, que no busque vencedores y vencidos, sino una solución de la que todo el país salga ganador. Una justicia y una verdad que aporte lo necesario para poder alcanzar la paz y la reconciliación.

Familia, agente primario de un futuro de paz. La familia es y debe ser comunidad de vida y amor, comunidad educadora de los valores religiosos y culturales fundamentales. Fundada en el amor, la familia lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad, contribuyendo eficazmente a un futuro de paz. Una civilización de paz no es amor, aunque sea de modo imperfecto, al abrirse generosamente al resto de la sociedad, se convierte en el agente primario de un futuro de paz. Por eso, nuestros Obispos han manifestado su preocupación: “Es urgente sanear los espacios familiares como una condición indispensable para construir la paz de manera firme y permanente”. No olvidemos que el verdadero amor va acompañado siempre de justicia, tan necesaria para la paz. Oremos para que la familia pueda vivir en paz, de tal manera que de ella brote la paz para toda la familia humana.

La paz es don de Dios y tarea de los hombres. Con esa convicción reflexionemos en la paz para nuestro País y nuestra Diócesis. Seamos “buena noticia” para todos los que nos rodean, para todos los sedientos de paz y de justicia que hoy lamentan tantas injusticias, violencias, tensiones y conflictos que parecen hacer imposible la verdadera paz.

Anuncios

Etiquetas:,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: