El Misterio Pascual

Por: Sem. Augusto Hernández Ramírez |

Tercero de Teología |

Augusto Hernández Ramírez

El Triduo de la Pasión y de la Resurrección del Señor brilla como la culminación de todo el año litúrgico. El Triduo Pascual de la Pasión y Resurrección del Señor comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las vísperas del Domingo de Resurrección (NUALC 19). La celebración pascual comprende entonces, los días del triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado, iniciándose la celebración en la tarde del jueves santo, según el modo de contar los días reservado por la liturgia para los domingos y solemnidades. Pero si la Misa de la Cena del Señor es el preludio, la culminación es la Vigilia Pascual, la madre de todas las santas vigilias. La Vigilia Pascual abre además el tiempo pascual con el retorno del himno de Gloria y del Aleluya. El domingo de Resurrección es, por otra parte, el primer día del tiempo pascual.

La Cincuentena, -los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés-, ha de ser celebrada con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo. Estos son los días en que principalmente se canta el aleluya (NUALC 22). La Cincuentena descansa sobre los domingos de Pascua. No obstante, se reserva la fiesta de la Ascensión del Señor a los cuarenta días de la Pascua, aunque se ha previsto su traslado al domingo VII allí donde no sea posible celebrarla como fiesta de precepto (NUALC 25). Los ocho días de la octava de Pascua se equiparan a las solemnidades del Señor (NUALC 24). Las ferias del tiempo pascual cuentan con formularios para la Misa y el Oficio. Las ferias siguientes a la Ascensión poseen un mayor acento pneumatológico (NUALC 26).

La historia de este tiempo es compleja, pero contribuye a determinar el contenido del Triduo y de la Cincuentena Pascual. El núcleo de la celebración de la Pascua hunde sus raíces en la fiesta hebrea del Pesah-Mazzot (Pascua-Ázimos), cuyo significado se hace notar en numerosos pasajes del Nuevo Testamento, especialmente los referentes a los acontecimientos finales de la vida de Jesús.

El Papa hablando sobre el Misterio Pascual dice: “El misterio Pascual, no es sólo un recuerdo sino una realidad actual, que el Triduo Santo nos permitirá revivir, no es sólo un recuerdo de una realidad pasada, es una realidad actual, conmemoraremos el enfrentamiento supremo entre la Luz y las Tinieblas, entre la Vida y la Muerte. También nosotros tenemos que situarnos en este contexto, conscientes de nuestra ‘noche’, de nuestras culpas y responsabilidades, si queremos revivir con provecho espiritual el Misterio Pascual, si queremos llegar a la luz del corazón, mediante este Misterio, que constituye el punto central de nuestra fe. También, hoy Cristo vence con su amor el pecado y la muerte. El Mal, en todas sus formas, no tiene la última palabra. ¡El triunfo final es de Cristo, de la verdad y del amor! En esta certeza se basa y se edifica nuestra existencia cristiana. Experimentaremos así que la Iglesia está siempre viva, siempre se rejuvenece, siempre es bella y santa, porque su fundamento es Cristo que, tras haber resucitado, ya no muere nunca más”. Hasta el próximo mes, hermanos…

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