¿Cómo se vive la Pascua en el Curso Introductorio?

Por: Julio Hernández Martínez |

Curso Introductorio |

Como comunidad del Curso Introductorio tuvimos la oportunidad de vivir unos ejercicios espirituales en el marco y gozo de la Pascua. En esta experiencia disfrutamos de la naturaleza, contemplando las maravillas de Dios en cada uno de los detalles y paisajes de Monterreal, en Saltillo.

Uno de los momentos muy significativos fue cuando cada uno de nosotros reflexionó, si verdaderamente, somos capaces de morir a aquellas cosas que nos apartan de Dios y, por tanto, nos llevan a olvidar que somos hermanos, que vivir en comunidad es vivir en fraternidad, en comunión, en unidad.

Otro de los momentos fue cuando cada uno de nosotros preparó un detalle para regalar a nuestros hermanos; lo singular de este presente fue que cada uno buscó de entre la naturaleza un signo para compartir. Esto nos ayudó a descubrir que Dios está en las pequeñas cosas de la vida, cuando uno vive la vida de manera artificial no puede contemplar a Dios en la naturaleza, mucho menos se admira de las cosas. 

Cuántas veces Jesús camina a nuestro lado en la persona del hermano y nosotros con mucha indiferencia lo hacemos a un lado, peor aún cuando con tal de conseguir nuestros intereses pisoteamos la dignidad de las personas. No puede haber una verdadera pascua si no morimos a nuestro orgullo, soberbia, nuestra grandeza de sentirnos dueños del mundo, es necesario morir a las cosas que nos apartan de Dios para poder florecer a una vida nueva en este tiempo Pascual.

La espiritualidad de la Pascua es una clara invitación de cambio, de lo pasado a lo nuevo, es decir, ¿qué estoy dispuesto a hacer para ser un buen cristiano? Pero, un cristiano de verdad, porque de los de mentiritas ya estamos cansados, necesitamos ver el rostro vivo del amor de Dios, en cada actitud, en cada mirada, en cada persona.

Cristo ha resucitado y esa es nuestra alegría. Pero, tengan por cierto, la mayor alegría de Jesús será cuando no sólo nos llamemos hermanos sino que realmente vivamos como hermanos. Pues, Él vino a arrancar de nuestros corazones el mal que nos impide ser amigos y el odio que no nos deja ser felices.

Llevemos el mensaje de la resurrección a los demás, compartamos que en Cristo se puede encontrar una vida nueva, que a pesar de los problemas y dificultades no tengamos miedo de gritar “Cristo ha resucitado”, Él ha vencido a la muerte y al pecado. En este mes de mayo, mes de María, encontremos en ella el modelo del discípulo fiel, en esa sencillez que nos lleve a amar hasta al pie de la cruz. Que el buen Padre Dios nos siga bendiciendo. 

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