Inolvidable Encuentro

Por: Pbro. Gabriel López Nava |

Director Espiritual Seminario Mayor |

La reciente visita del Papa Benedicto XVI a nuestro México, tocó fuertemente la fibra de mis recuerdos. Grata noticia: El Papa estará en Monterrey; tendrá un encuentro con trabajadores de México. Fue el miércoles 31 de enero de 1979, ¡inolvidable!

Ese día 3 representantes de nuestra Diócesis estrechan la mano de Su Santidad Juan Pablo II en su primera visita pastoral a México. Yo lo presencié, yo lo ví, a mí me tocó acompañarlos. No se cumplían aún cuatro meses de mi ordenación sacerdotal cuando el padre Pedro Contreras me dijo: “Padre Gabriel, me encomendaron que busque tres personas que vayan a Monterrey para representar la Diócesis ante el Papa y quiero que tú los acompañes”. Andrés Morales, Jesús Estrada y José García serían quienes representarían a obreros, comerciantes y campesinos, respectivamente.

Fue el 30 de enero, víspera del encuentro con el Papa, con carta de la curia y los hombres bendecidos de Dios, que inicié el viaje, emocionado en gran manera, decía para mis adentros: “cuando esté ante el Papa ¿qué le voy a decir?” Soñaba, pues, yo no tendría tan cerca, como ellos, a su Santidad.

En cuanto llegamos a la ciudad regia, nos dirigimos a la parroquia del Santo Cristo, allí nos esperaba el padre Rubén Ríos; con quien me presenté inmediatamente. Le dije: “yo soy el padre Gabriel López, que acompaño a los representantes de la Diócesis, que el Sr. Obispo envía, aquí le entrego la carta que manda”. Su respuesta me dejó frío: “Está bien padre, déjalos aquí, yo me encargo de todo”. ¿Pero yo no estaré con ellos?, pregunté, y el padre contestó: “no, solo ellos, pero ánimo, te voy a conseguir donde te quedes y te lleven mañana muy temprano a la orilla del Río Santa Catarina y allí consigas un buen lugar y puedas ver al Papa con la gente”.

El 31 de enero, madrugué y conseguí el lugar apropiado, escasamente a 100 metros del puente donde estaba el templete preparado para el Papa. Excelente lugar para ver al Santo Padre.

Aquella mañana era fría y en ratos se dejaba sentir una ligera llovizna. La desmañanada, el frío, el agua y sobretodo el hambre, causaron sentimientos desagradables en mí, los cuales desaparecieron y dieron lugar al gozo y la alegría cuando escuché: ¡allí viene el Papa!

La mañana era gris, debido a las muchas nubes, la cuales hicieron valla al astro rey, quien con un hermoso rayo de luz daba la bienvenida al representante de Cristo de una manera cálida y luminosa. Era sólo el anticipo, del inolvidable encuentro que me aguardaba y me conmovió profundamente: tener al Papa frente a mí, y ver que le estrechaba la mano a don José García, el campesino de nuestra Diócesis, el intercambio de miradas entre ellos, el ver la mano del Papa sobre el hombro de don José al mismo tiempo que le dirigía la palabra. Por supuesto, yo no podía escuchar lo que le dijo el Papa. La curiosidad me hizo preguntarle a don Pepe: ¿Qué le dijo el Papa? Que le lleve a mi gente una bendición de parte del Papa. Cosa que cumplió cabalmente don José. Visitó todo el ejido y llevó el mensaje del Santo Padre a todos los ejidatarios. Termino repitiendo la frase del padre Carmelo: “Oye tú, aquel año hubo muy buena cosecha en San Germán”. Verdaderamente ¡inolvidable encuentro!

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