Vida Ordinaria en el Seminario

Por: Sem. Braulio Antonio Méndez Sánchez |

Primero de Teología |

Viviendo en extremo silencio y rigidez disciplinar, rezando de rodillas todo el tiempo, con caras serias, viviendo tristes añorando el mundo exterior, cantando todo el tiempo el canto gregoriano, vistiendo todo el día la sotana negra que tiene como características ser muy caliente en verano y muy fría en invierno, alejado de todo progreso tecnológico, etc. Así es como muchos se imaginan la vida del Seminario. No los culpo, yo también me imaginaba eso cuando estaba allá afuera.

Mi nombre es Braulio Méndez y soy alumno del Seminario en el primer año de teología. Hoy quiero compartir con ustedes un poco de nuestro quehacer diario aquí en el Seminario para que conozcan más sobre cómo vivimos en nuestra etapa de formación a la vida sacerdotal. Lo primero que tengo que decir es que son tres nuestras principales labores. Si alguien me pregunta qué es lo que hacemos en el Seminario o a qué nos dedicamos yo respondería así: estudiamos, oramos y compartimos la vida.

Nuestro día inicia en el momento exacto en que el reloj marca las 5:45 minutos de la mañana, aquí despertamos al nuevo día, regalo del infinito amor de Dios y nos preparamos para bajar a la capilla ya que en punto de las 6:15 a.m. iniciamos nuestra jornada laboral consagrando nuestras vidas mediante el rezo de los “laudes” (Los laudes son la oración oficial de la Iglesia que se rezan por la mañana, es la primer alabanza de la Iglesia a nuestro Dios). Terminada esta oración tenemos aproximadamente media hora que se conoce como “meditación personal” es un tiempo para llenarnos del espíritu de Dios mediante la adoración al Santísimo Sacramento, la lectura de la Palabra de Dios o de algún libro espiritual o lectura de la vida de los santos, o si preferimos rezar el rosario o alguna otra devoción popular que nos permita prepararnos para la celebración de la Eucaristía que es celebrada por alguno de los padres formadores en punto de las 7:00 de la mañana.

Después de haber alimentado el espíritu mediante el alimento eucarístico es necesario nutrir el cuerpo para tomar fuerzas que nos ayuden a rendir en la labor del día. Por eso pasamos a tomar el almuerzo que generosamente nos preparan las hermanas Agustinas de la Enseñanza. Terminado esto, iniciamos las clases en punto de las 8:30 de la mañana, teniendo un descanso entre cada clase de 10 minutos y un descanso largo a media mañana de 20 minutos. Las clases terminan en punto de la 1:05 de la tarde. Algunas de las materias que estudiamos en el teologado son: Cristología, Patrología, Sagradas Escrituras (Pentateuco, Evangelios sinópticos, etc.), Sacramentos en general, Derecho canónico, etc. A la 1:15 p.m. estamos bendiciendo los alimentos que el Señor ha puesto en nuestra mesa. Terminando de comer y después de haber convivido una rato en el comedor, pasamos a tener una hora de descanso, ya sea para dormir, para tomar una siesta o para caminar, oír música, o realizar alguna otra actividad de interés personal.

Al terminar la hora de descanso iniciamos el tiempo dispuesto para estudiar o realizar las tareas que nos han encargado los sacerdotes que fungen como nuestros profesores. Este tiempo es prolongado hasta las 6:30 de la tarde cuando el campanero, que es el compañero encargado de ir dirigiendo nuestro horario, da el timbre para iniciar el tiempo previsto para el deporte. Esta es una hora en la que los seminaristas aprovechamos para hacer algún deporte de interés personal como el fútbol, correr, caminar, andar en bicicleta o estar en el gimnasio.

Después del aseo personal, la comunidad del Seminario pasamos a la capilla a rezar las vísperas (la oración de la Iglesia que se ofrece por la tarde, al caer el sol). Terminada esta oración degustamos de la cena junto con el seminario menor, para después tener el tiempo libre para ver televisión, terminar alguna tarea, caminar, rezar, platicar, compartir la vida o realizar cualquier actividad que queramos. Nuestro día en el Seminario Mayor termina oficialmente en punto de las 10:30 de la noche pero se puede prolongar de manera personal, el tiempo que el seminarista necesite para su estudio, siempre y cuando respete el sueño y el descanso del resto de la comunidad.

Como ven, nada se asemeja la realidad del Seminario con lo que muchos piensan o se imaginan. La vida del Seminario es realmente una vida que se disfruta como todas las demás. Yo creo que la clave para ser pleno en lo que haces es que te guste hacerlo, es que seas feliz. Si no buscas la felicidad entonces la vida diaria en cualquier circunstancia que te encuentres, ya sea dentro o fuera del Seminario será difícil de afrontar.

Me despido de ustedes esperando que este pequeño relato les permita tener una visión más amplia de lo que implica formar el corazón de un futuro pastor. Dios les bendiga y felices pascuas.

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One Comment en “Vida Ordinaria en el Seminario”

  1. Erik Ramsses 1 abril, 2013 a 9:38 PM #

    Muy buenas noches 🙂
    Solamente quería saber que es lo que se requiere para ingresar al seminario,
    y en que fechas se puede ingresar.
    Les agradecería mucho la información.

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