Febrero Mes del Seminario

Por: Pbro. Lic. Felipe Manuel Arteaga Becerra |

Director Editorial |

Febrero, es un tiempo privilegiado para el Seminario Diocesano de Matamoros, -para nuestro Seminario-, porque es un momento intenso de oración, sacrificios y ayuda material en beneficio de todos los que buscan alcanzar el Don de la vida sacerdotal.

Quienes hemos estado en una casa de formación, o tenemos la tarea de servir en la formación sacerdotal, sabemos lo difícil que es ayudar a que otros den pasos hacia la madurez humana, y a que vayan realizando el proyecto de Dios sobre ellos. Las dificultades son múltiples. Sin embargo, quienes hacen posible esta tarea somos todos.

La Iglesia siempre ha reconocido la trascendental importancia que la formación tiene para el futuro de la Iglesia misma y de su misión a favor del mundo. Del tipo de formación que hoy se esté dando, depende el tipo de sacerdotes del mañana. Por eso el tema de la formación sacerdotal, siempre tiene actualidad, siempre es importante.

Este mes de febrero, es el mes del Seminario. Ocasión de sentirnos familia y ligados íntimamente a esta casa de formación. El lema que se ha acuñado, en los últimos años, lo dice todo: “Tú pones los medios, Yo pongo la vida”. De tal manera, hablar del Seminario, de los seminaristas, de la formación sacerdotal despierta interés y esperanza. No debe pasar indiferente, pues en el Seminario Diocesano de Matamoros, -corazón de la Diócesis-, nos estamos jugando el futuro.

Los instrumentos de formación son variados: experiencia de seguimiento de Jesucristo, acompañamiento personal, oración, estudio, apostolado, ejercicios espirituales, charlas, relación interpersonal, disciplina, responsabilidad, entre otros tantos. Pero, el camino formativo y el itinerario vocacional no pueden prescindir de la ayuda significativa de los fieles, quienes hacen posible este proyecto con su oración –constante y sonante- y con su aportación económica –generosa y valiosa-. El apoyo que recibimos de toda la gente de buena voluntad hace posible el Seminario, hacen posible el caminar de la Iglesia.

Tú pones los medios… ayudando a que cada seminarista dé pasos hacia la madurez y realice más plenamente su vocación; nosotros ponemos la vida, nuestra persona, adecuada a sus límites y posibilidades, y en un contexto de confianza y esperanza.

Oremos por las vocaciones, con la esperanza de que Dios nos conceda sacerdotes santos y sabios. Y no olvides la invitación: “Sé parte de su… vida, historia, vocación y sueño”. Dios te bendiga y multiplique con abundancia de gracias tu generosidad, siendo parte de su vocación.

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