Los monaguillos – entre más chiquillos más pillos

Por: Diác. José Ramón Ruíz Navarro |

Parroquia San Pedro y San Pablo (Reynosa) |

Los meses pasaron muy rápido. En un abrir y cerrar de ojos, con la solemnidad de Cristo Rey del universo, la Iglesia llegó nuevamente al fin del año litúrgico. Los preparativos para la celebración fueron fastuosos. El padre Confesorio, pidió al grupo de monaguillos que prepararan todo lo necesario para la Misa de ese significativo domingo.

Por su parte, Vivirillo y Atarancio, parecían un poco inquietos, ya que Prudencia, su coordinadora, hacia días que no se paraba por la parroquia. Algo estaba pasando con ella. Ya no era la misma. En otras ocasiones, cuando faltaba, llamaba por teléfono o mandaba a avisar con alguien. Pero esta vez no había señales de ella. Atarancio, preguntó a su amiga Vellendira: “Oye, ¿tú no has visto a Prudencia? viven en el mismo barrio…”. Vellendira, miró con sus grandes ojos a Atarancio y guardo ese tipo de silencio que afirma la pregunta. Lo tomó como otras veces del hombro y le dijo despacio al oído: “Es que Prudencia ya tiene novio”. Lo dijo con bajo volumen, pero Vivirillo se dio cuenta de que algo no estaba en orden y preguntó: “¿Qué dices Vellendira, que Prudencia qué?”. Vivirillo se acercó a su amigo de aventuras y hermano de sentimientos y le dijo: “Ni modo mi cuate, ya nos quedamos sin «patrona»”.

Vellendira y Atarancio, guardaron silencio un instante, con la intención de observar la reacción de Vivirillo. Éste, con la cabeza baja, se puso al frente de ellos y les dijo: “Ella es una persona muy importante para todos nosotros y debemos hacer algo para que regrese”. Y en efecto, realizaron todo tipo de intentos, desde hablarle por teléfono, hasta organizarle una fiesta sorpresa. Pero nada, Prudencia Navetas, la monaguilla modelo, la niña súper inteligente, esta vez no respondió.

Pasaron los días y después de la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, llegó el tiempo de adviento. Los temas que se abordaban desde la Palabra de Dios, hacían más aguda la añoranza de la presencia de Prudencia dentro del pequeño grupo de monaguillos. Ni la imposición de sotana realizada en la misma solemnidad distrajo por completo a los pequeños monaguillos, de la tristeza por la ausencia de su coordinadora.

Un sábado antes de los preparativos de las primeras posadas, el padre Confesorio llegó a la puerta del pequeño salón, entremetió la cabeza, vio reunidos a los monaguillos luego les preguntó: “¿Ya saben qué significa adviento?”. Los monaguillos lo vieron con alegría y respondieron: “Es un tiempo de preparación en espera de Aquél que nos revela todo el amor de Dios, tiempo de reflexión y conversión, con la esperanza firme de la alegre noticia que nos trae Jesús con su Encarnación”.

El padre Confesorio dijo: “Doctrinalmente es correcto, pero ¿cómo se siente en el corazón eso que acaban de decir?”. Los monaguillos no sabían exactamente qué contestar. De pronto salió detrás del padre, Prudencia, con una sonrisa que tan solo de verla sabes que te pide disculpas. Por otro lado los monaguillos, la miraron con la alegría que expresa que no hace falta ninguna explicación. La sonrisa del perdón es más bella que cualquier discurso, así es la sonrisa de Dios. El padre Confesorio, los miró con ternura y pensó para sus adentros: “Quizá las monaguillos ya saben lo que es el adviento y Prudencia está por saber qué es la navidad”. (Continuará…)

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