Mi Vocación – Santiago Isaí Barrera Quintero

Por: Sem. Santiago Isaí Barrera Quintero |

Humanidades |

¡Hola a todos! Me es muy grato compartir con ustedes en este mes un poco sobre la vocación y mi vocación, el llamado que Dios hace.

Cuando estamos en la búsqueda de nuestra vocación esperamos que Dios se nos manifieste de forma espectacularmente explícita y nos diga: “Hijo, haz esto, haz aquello”; nos gusta la facilidad, pero Dios no nos habla así, Dios es muy sencillo para comunicarse con nosotros y muchas veces nos cuesta escucharlo en esas situaciones de nuestra vida cotidiana.

Cuando alguien me pregunta ¿por qué entraste al Seminario?, generalmente mi respuesta es: “Sentí el llamado de Dios”, y no es que haya escuchado la voz de Dios diciendo: “Isaí, entra al Seminario”, sino que en diversas situaciones sencillas en mi vida sentí el anhelo de seguir a Jesús de esta forma, ingresando al Seminario, para que si llegase el día, servir al Pueblo de Dios como sacerdote.

En la pasada promoción vocacional, un seminarista fue a la parroquia a la que pertenezco y me invitó al Pre-Seminario; yo me negué argumentando tener compromisos y que no estaba preparado para asistir.

Entre muchas cosas que me dijo, recuerdo lo siguiente: “tu ve a ver cómo te parece, ya estás listo, ya conseguí la carta de recomendación del padre”, estas palabras me hicieron cambiar de opinión, acepté la invitación de ir al Pre-Seminario.

No sé si fue el “ya estás listo” o el sentirme comprometido por el “ya conseguí la carta del padre”, pero fueron palabras que me hicieron ir, sencillas, que tal vez el seminarista ni se dio cuenta de lo que provocaron en mí, pero que al final lograron que fuera al Pre-Seminario.

Al momento de decir “sí” o “no” para ingresar, dije: “sí”, y aquí estoy feliz, caminando, en este proceso de seguir a Cristo, poniendo todo mi esfuerzo en lo que hago, con la esperanza de llegar a la meta, ser sacerdote y seguir esforzándome en servir al Pueblo de Dios.

Son todas esa situaciones tan sencillas, ordinarias, en las que Dios nos habla, el problema es que a veces por los “ires” y “venires” de la vida no nos damos el tiempo para escucharlo, y si lo escuchamos, nos hacemos los sordos, porque no queremos comprometernos o decimos “no” a causa de nuestras limitaciones; pero recordemos que Dios fortalece a quien elige, no solo para la vida consagrada, sino también a quien elige para el matrimonio y la vida de soltería. Atendamos pues a esa situaciones en las que Dios nos habla y no tengamos miedo a decir “sí” al llamado que Dios hace.

 

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