10 de noviembre – San León Magno

Por: Sem. Christian Oziel Hernández Coronado |

III de Preparatoria |


Su nombre de Magno es por ser un GRAN pastor y dirigente de la Iglesia Universal. Por eso, es sin duda, uno de los más grandes papas que nuestra Iglesia ha tenido a lo largo de los años.

“Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas en la medida de sus posibilidades; y aunque no todos pueden ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición”

Esta frase fue dicha por San León Magno (llamado Magno por sus grandes obras y por su santidad de vida). Nacido en Toscana, Italia. Sin embargo, se desconoce la fecha exacta de su nacimiento. Lo que sí se sabe, y muy bien, es que hablaba correctamente el idioma nacional: el Latín.

No se tienen datos suficientes de su vida pues lo curioso es que a León Magno no le gustaba hablar de su persona en los escritos que realizaba.

Fue designado Secretario del Papa San Celestino y de Sixto III. Durante ése tiempo fue designado embajador de Francia con la misión de evitar una guerra civil causada por dos generales. Siendo ya embajador, le llegó una sorpresiva noticia, había sido elegido como Sumo Pontífice en el año 440. Siendo una noticia fascinante, dejó muy bien entendido que desde el principio tenía grandes cualidades. Durante sus 21 años como pastor de la Iglesia Universal, realizó 173 cartas destinadas al pueblo de Dios. Pero envió una epístola al Concilio de Calcedonia donde los 600 obispos allí reunidos, después de leer la epístola, se pusieron de pie y exclamaron: “San Pedro ha hablado por boca de León”

Además de sus 173 cartas, se tienen estimados más de 90 sermones u homilías dichas por este santo. De estos sermones quisiera compartirles un poco del que trata sobre el combate de la santidad:

“La vida transcurre en medio de emboscadas, en medio de sobresaltos. Si no queremos vernos sorprendidos, debemos vigilar. Si pretendemos vencer, hemos de luchar. Por eso dijo Salomón cuando era sabio: hijo, si entras a servir al Señor, prepara tu alma para la tentación (Sir 2:1). Lleno de la ciencia de Dios, sabía que no hay fervor sin trabajos y combates. Y previendo los peligros, los advierte a fin de que estemos preparados para rechazar los ataques del tentador”.


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