Los Monaguillos – Las Misiones

Por: Diác. José Ramón Ruíz Navarro |

Parroquia San Pedro y San Pablo (Reynosa) |

El sábado después de que Vivirillo y Atarancio debutaran, uno como monitor en las misas y el otro como promotor del grupo de monaguillos, se reunieron aquellos que habían escuchado la voz de Jesús por medio de la difusión del aviso de Atarancio. Un total de 10 nuevos chiquillos se encontraron en el pequeño salón de juntas de la parroquia de san Goloteo. Eran 6 niñas y cuatro niños. Se les notaba su nerviosismo.

Vivirillo y Atarancio, llegaron un poco tarde, pues en el camino hacia el salón se habían encontrado con dos hermanas Misioneras de la Palabra. Los cuatro venían sonriendo con espontaneidad. Las hermanas eran Puritinia y Resonfora, las dos religiosas que hacía dos años llegaron a difundir su revista Inquietud Nueva y que les dieron un tema a los monaguillos.

Recordaban con alegría como Atarancio, a una les había llamado Puerquinia y a la otra Rezandera. En esta ocasión, el padre Confesorio les había pedido que ayudaran a evangelizar a los grupos de la parroquia y prepararan personas para hacer “visiteo” casa por casa.

Con la llegada de los diez nuevos chicos el pequeño salón, carente de iluminación física pero lleno de la luz que da la alegría de los niños, casi se lleno. Vivirillo, Atarancio y las dos hermanas se pusieron al frente, se presentaron ante los desconocidos y dijeron la oración del monaguillo. Posterior a esto, se sentaron y la hermana Resonfora tomó la palabra.

“Sabemos que para algunos esta es la primera vez que se reúnen y que se pueden sorprender de vernos aquí. Queremos enseñarles algunas actividades que se relacionan con el servicio del altar, pero también les enseñaremos a «misionar». “¿Mi queeeé?” preguntó Sordiño, uno de los nuevos monaguillos. “Sionar –completo la hermana- iremos casa por casa, anunciando el Kerigma”. “¿Kerig queeeé?” volvió a interrumpir el mimo niño.

La hermana, con la paciencia que la caracterizaba, se acerco a él y explicó: “Kerigma es el Primer Anuncio, aquel que se tomara de base en la Iglesia primitiva para iniciar el proceso de conversión de aquellos que no eran creyentes en Cristo, Nuestro Señor. Esto lo iniciaron, los primeros discípulos de los Apóstoles. Ellos iban casa por casa, dando una síntesis de la Buena Nueva, después trasmitían el Mensaje completo. Con esto cumplían la indicación de Jesús «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva» (Mc 16, 15)”. Sordiño, volvió a preguntar: “¿Primi queeeé?” Todos los que estaban en el salón exclamaron a coro: “¡noooo!”. “Tivo –completo la hermana- pero no te preocupes…lo irás entendiendo poco a poco”. Atarancio miró a Sordiño y le sonrió con cierta empatía. Luego dijo a Vivirillo, “Ese y yo seremos buenos amigos”. Vivirillo, aceptó sonriendo.

La hermana Resonfora, agregó, por lo pronto, iniciaremos con ustedes. Les predicaremos el Kerigma a ustedes, lo aprenderán de corazón y memoria y luego lo llevarán a otras personas. Esta vez el que preguntó fue Vivirillo: “¿De corazón y memoria?”.

“Si –respondió la hermana- Pues la Buena Nueva, primero debe aprenderse –hizo una señal con las manos como quien toma una cosa con firmeza- en el corazón, para que se trasmita por amor, no por obligación o por interés”.

“¡Órale –dijo Atarancio- la hermana Resortera dice cosas bien chipoclotudas…”. “¿Chipo queeeé?” pregunto Sordiño y todos sonrieron. Las hermanas por su parte, iniciaron con su misión con los monaguillos de la Parroquia de San Goloteo.

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