Curso Básico de Pastoral Vocacional

Por: Pbro. Lic. Martín Amaya Hernández |

Coordinador Diocesano de Pastoral Vocacional |

En el texto bíblico la vocación se narra.

Este dato sólo ya nos ofrece una enseñanza: la vocación es un acontecimiento que sucede en la vida del hombre y en el caminar histórico del pueblo de Dios.

Un acontecimiento de salvación, un hecho de gracia, una intervención amorosa de Dios, que toca con su fuerza creadora lo más profundo del corazón. Sin embargo, no se trata de un acontecimiento puntual, sino de un proceso, que se va dando con matices diversos a lo largo de toda la vida. Un permanente acontecer.

Los relatos bíblicos, que aparentemente se sitúan en sólo un momento, contienen una experiencia de vida vocacional condensada en sus rasgos fundamentales. Por eso son de gran utilidad para quien quiera hacer un discernimiento sobre la llamada de Dios.

Para introducirnos en el tema, y antes de estudiar los diferentes tipos de textos vocacionales, se explicarán a continuación siete rasgos típicos de la experiencia vocacional, fundamentando las afirmaciones con algunos ejemplos de la Biblia. Cada uno de ellos se puede utilizar como un criterio de discernimiento vocacional.

La vocación está relacionada con el proyecto de un pueblo. No es un fin en sí misma, ni tiene sentido meramente individual; está al servicio del pueblo de Dios que se entiende como todo él llamado y enviado. Está estrechamente vinculada a lo que Dios quiere hacer del pueblo de Israel y de todos los pueblos de la tierra.

Este nexo profundo se puede comprobar en todos los textos, un ejemplo es el de Abrahán: El Señor dijo a Abrahán: Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo (Gn 12, 1-2). Del mismo modo Jesús llama a sus discípulos (Mc 1, 16-20) inmediatamente después de haber anunciado la inminente llegada del reino de Dios (Mc 1,15); los llama para ponerse al servicio de ese proyecto.

Una experiencia vocacional será auténtica cuando abra a la persona al servicio del pueblo y lo ponga en relación profunda con el proyecto de Dios sobre la humanidad, despertando una solicitud en torno a sus necesidades.

La vocación no ocurre de pronto, antes se da un encuentro profundo con la santidad, la misericordia, el Amor de Dios. Encontrarse con él implica ir descubriendo su proyecto, su corazón. Y comprender que desde siempre ha pensado para nosotros un lugar en ese proyecto. Toda vocación brota del amor de Dios.

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