¿Qué es la Misión?

Por: Sem. Santiago Franco Melchor |

I de Teología |

Es preocupante saber que nuestro pueblo mexicano se encuentre inmerso en la violencia, no hay día que no escuchemos una noticia nueva y desagradable.

Pero más preocupante, es saber que los niños, están aprendiendo a vivir en medio de este fenómeno, cual si fuera algo común, es decir, lo están aprendiendo como bueno, en sus juegos incluyen expresiones como ¡te voy a matar! cuando esto debería ser ajeno a su vida de infante. Aunado a este problema social, nos encontramos con la cultura del ruido, el egoísmo, el placer, la irresponsabilidad, etc., hoy el ser humano ya no piensa por los demás, sino por su propio bolsillo y su bien personal.

Pareciera que las enseñanzas de Jesucristo fueran solo fantasía, como si sus promesas de una vida eterna fueran cosas de la imaginación. Poco a poco hemos disminuido la persona de Cristo a mera mitología cuando Cristo es una realidad palpable. ¿Será acaso que el hombre se acostumbrará a vivir en la oscuridad? No, el hombre no se puede acostumbrar al mal, el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo que implica preocupación por el otro ¿Dónde está tu hermano? pregunta el Señor a Caín; y Cristo reafirma esto al darnos un nuevo mandamiento, ámense los unos a los otros como yo los he amado.

San Agustín dice, “ama y haz lo que quieras”, amar implica preocupación por los demás, amar implica cuidado comunitario, quien ama no se atreve a hacer el mal; Santo Tomás de Aquino argumenta, “nadie ama lo que no conoce” pensemos en quien es egoísta y obra mal, ¿crees que él conoce el amor de Dios? Lo más seguro es que no, quien conoce y por consiguiente ama a Dios no puede generar el mal, no puede odiar a su hermano.

Entonces ya tenemos la solución a la realidad que nos ha tocado vivir, en todo lo citado hasta aquí, de trasfondo esta la necesidad de cumplir el mandato último de Jesucristo a sus discípulos, vayan y prediquen el Evangelio a toda la creación, evangelizar es la solución, preocuparnos que el otro conozca a Jesucristo el Señor, porque nadie que tiene un encuentro personal con el Señor es capaz de odiar. Evangelizar ha sido, es y será nuestra tarea como cristianos, todo bautizado tiene la obligación de anunciar la Buena Nueva. Evangelizar es pues, transmitir el amor de Dios a los hombres.

Pero, ¿Quién puede evangelizar? Todo bautizado que esté dispuesto a asumir el reto, a levantarse de la silla de la mediocridad y llenarse primero él de las enseñanzas y amor de Dios, para después poder transmitirlo.

Es evidente que, quien desee asumir esta responsabilidad, primero tiene que conocerse a sí mismo, dos personas que se están ahogando no se pueden salvar, tenemos pues, que conocer nuestras virtudes, pero también nuestros defectos, con la finalidad de superar a estos últimos en la humildad y amor a Dios. Después debemos prepararnos, saber quién es Él para poder decir “porque lo conozco sé que te ama” a quien se pretende evangelizar, y al final ir y buscar la salvación de los demás al hablarles del Evangelio de Jesucristo el único Dios Verdadero.

Pues bien, en lugar de lamentarnos de lo mal que está el mundo y echarle la culpa a los demás, mejor evangelicemos, para que los otros conozcan al Dios de Justicia, y así un día, todos juntos como familia, podamos gozar del banquete de la Gloria del Señor de manera eterna, sin fin, salvemos pues a nuestros hermanos inmersos en la oscuridad del pecado y así ellos pueda también gozar de esta felicidad eterna.

¡Sea alabado Jesucristo!

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