Nuestra Señora de Matamoros

Por: Sem. Augusto Hernández Ramírez |

III de Teología |

Que tal hermanos, en este mes de septiembre compartiré con ustedes la cápsula litúrgica sobre la devoción a NUESTRA SEÑORA DE MATAMOROS. En la constitución Lumen Gentium, el Concilio afirma que los  fieles unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos los santos, conviene también que veneren la memoria “ante todo de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor” (n. 52). El Excelentísimo Señor Don Estanislao Alcaráz Y Figueroa, primer Obispo de Matamoros, en el año de 1959, regaló a esta amada Diócesis la imagen de Nuestra Señora de Matamoros. Instituyó el quincenario de comuniones como regalo a Nuestra Señora, el cual consiste en participar piadosamente durante quince días antes de la festividad, en la celebración Eucarística, ofreciendo a Nuestra Señora, la Comunión; para que como palomas vuelen al cielo como ofrenda agradable a Dios.

La Madre del Divino Redentor fue generosamente asociada a su obra, con un título absolutamente único sufriendo con su Hijo, el agonizante en la Cruz, Ella colaboró de manera totalmente especial a la obra del Salvador, con obediencia, con la fe, la esperanza y la ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por esto, Ella se convirtió para nosotros en la Madre en el orden de la gracia (Lumen Gentium n. 61). Después de su asunción en el cielo, no ha interrumpido esta función salvífica, sino que, con su múltiple intercesión, sigue ofreciéndonos los dones a nosotros, asegurándonos nuestra salvación eterna. Por esta razón María es invocada por la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorredora, mediadora. En el quincenario, no es excepción que nuestra madre nos regale bendiciones. Una de estas bendiciones, es que durante 52 años que se tiene venerando a nuestra madre de Matamoros, miles de niños y niñas han recibido a Jesús por primera vez en su corazón. La tradición de las palomitas que se ofrecen a nuestra Señora al final del quincenario. El cual consiste en reunir las quince palomitas como resultado de las quince comuniones eucarísticas, para depositarlas luego en el manto de nuestra Señora.

Oremos a Nuestra Señora de Matamoros, para que ruegue por ésta amada Diócesis de Matamoros y nos conceda la paz, surge como una luz en la oscuridad y como calma para nuestros sentidos de la inspiración de un hombre la oración para nuestra Señora de Matamoros que recita de la siguiente manera:

Salve, Señora de Gracia llena, Hija de la Gracia, Madre de la Vida. Humilde y devotamente te piden tus hijos que cuando les llegue la angustia de la muerte, debilitada ya la voluntad y nublada razón, sea por tu maternal intercesión ante tu Hijo Jesús, que puedan levantarse a la luz, para recobrar por un minuto al menos la fuerza del espíritu y de su entendimiento, y así ofrecer conscientemente al Señor de los cielos el homenaje de su amor y de su sincero arrepentimiento. Y a ti, Dulce Señora de Matamoros. Hija de la Gracia Madre de la Vida, te imploran tus hijos de esta Diócesis que no dejen nunca tus divinos ojos, de verlos con piedad. Amén.

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3 comentarios en “Nuestra Señora de Matamoros”

  1. Patthy Cruz 14 septiembre, 2011 a 3:25 PM #

    qee Ntra. Señora nos conceda la dicha de volver a vivir sin miedo en nuestra cassa matamoros por obra y gracias de Ntro. Señor JesuCristo :).. excelente nota!

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