Mi Vivencia del Seminario

Por: Pbro. Gabriel López Nava |

Director Espiritual del Seminario Mayor |

“Y es que el hombre en su experiencia personal se siente dividido en su interior, desgarrado por fuerzas que lo atraen hacia el bien o hacia el mal”.

Me disponía para atender las confesiones, cuando de la fila salían las voces de los adolescentes del preseminario, que decían: “Acércate”, “no, yo no”, “¿Por qué no?…” “Dicen que ese padre es exorcista y tengo miedo acercarme con él”, “Pues, yo sí me acerco”.

Bastaron estas palabras para que mi pensamiento volara a lejanos tiempos. Tenía yo la edad de estos jovencitos cuando me despedía de familiares y amigos y así partir al seminario. Mi tío José López llegó para desearme buen viaje y de paso la siguiente recomendación: “Gabriel, ahora que estés en el seminario estudia mucho, para que puedas hacer conjuros”; sin entender completamente el consejo me limité a contestar: “lo tendré presente”. Ahora caigo en la cuenta que lo que mi tío deseaba era que yo me preparara para que algún día pudiese realizar exorcismos. Ya que el exorcismo es un invocación contra el demonio para arrojarlo de las personas, cosas o lugares, y prevenir asechanzas.

Mientras avanzaba la fila me preguntaba: ¿de dónde sacarían estos muchachos y la gente que acude a mí, con este propósito, de que soy exorcista? Nunca he recibido el nombramiento. Confunden, fue la respuesta que pensé.

Cierto es que he hecho muchas veces oración de liberación por personas, que la gente cree que han sido dañadas o que tienen posesión diabólica. Dios me libre de encontrarme con alguien verdaderamente poseído por el diablo. La verdad que he tenido casos, donde hay manifestaciones terribles que causan mucho miedo a las personas y a mí me ponen nervioso. Para controlar mis nervios, dar firmeza a mi fe en Jesucristo, recibir el don de discernimiento y tenerle paciencia a la gente me sirvió el pasaje bíblico: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura.

El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no le hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos” (Mc. 16, 15 ss.).

Aprovechando el relato de la vivencia les digo que no me tengan miedo, ni me hagan fama, aún no he recibido autorización para ser un exorcista, y por tanto para hacer un exorcismo, propiamente dicho, solo hago oración pidiéndole a Dios, que nos libre de todo mal, como el mismo Señor nos lo recomienda. Quiero ser sacerdote, instrumento de su gracia.

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2 comentarios en “Mi Vivencia del Seminario”

  1. Julio C. 16 agosto, 2011 a 11:39 AM #

    Excelente…

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