Vivirillo y Atarancio: Los Monaguillos entre más chiquillos más pillos

Por: Diác. José Ramón Ruiz Navarro|
Parroquia San Pedro y San Pablo|

Después de que el padre Confesorio indicara a Vivirillo y Atarancio las correcciones que habían de hacer al boletín para invitar a los niños de la Primera Comunión a ser monaguillos, se dirigió a la oficina parroquial, pues debía firmar las boletas de los bautismos del próximo domingo.

Por su parte, Vivirillo y Atarancio seguían muy entusiasmados con la idea de invitar a otros niños. Su proyecto era el fruto de la vida en comuni-dad que se cosechaba.

Los dos hermanos en la fe y amigos inseparables, habían llegado a uno de esos momentos culmen de los seres humanos. Los dos monaguillos estaban por descubrir que ya no eran tan pequeños, que el paso de los años les había traído la madurez suficiente para salir de sí mismos e ir en búsqueda del otro con la firme convicción de compartir lo que de Dios habían recibido. Ya solo faltaba encontrar corazones dispuestos a recibir el llamado de Dios por medio de estos dos mensajeros.

Casi al salir a la calle se encontraron con Prudencia, su coordinadora. Al verla, les vino a la mente que no la había tomado en cuenta para la invitación que pensaban hacer. Atarancio la miró, le dio un abrazo y le dijo: “Tenemos una «ideota», vamos a invitar a otros niños a que sean monaguillos”. Vivirillo, observó la reacción de Prudencia, se acercó a ella y casi susurrando le dijo: “Nos pareció buena idea que otros aprendan sobre el servicio a Dios, sirviendo”. En ese momento, Prudencia hizo un repaso sobre su actitud para con el grupo de monaguillos, pues, aceptó internamente que en las últimas semanas, no había sugerido ningún proyecto como coordinadora. Con el brillo en la mirada que preceden a la manifestación de alegría. Pasó sus brazos sobre los hombros de los dos monaguillos y los juntó hacia ella. Su barbilla quedó justo entre los dos monaguillos, mirando hacia el templo, desde su interior alabó al Señor y le dio gracias por el regalo que acababa de recibir. La iniciativa de los chicos, también era fruto del esfuerzo de Prudencia. De sus ojos salieron dos lágrimas que fueron secadas en las camisas de Vivirillo y Atarancio. Ellos comprendieron que en el abrazo no solo obtenían la aprobación de su líder, sino también el apoyo para seguir adelante. Los tres corazones palpitaron acelerados pero al mismo ritmo por unos segundos.

Prudencia no pudo contener el gozo de la noticia y, llena de sincero entusiasmo, dijo: “Pues todo lo que dicen está muy bien y, para completar la hazaña, me parece correcto que este fin de semana Vivirillo se encargue de dar los avisos parroquiales”. Cuando Vivirillo la escuchó, no daba crédito, pues es una actividad de la cual no era fácil que Prudencia se desprendiera. “Claro –agregó Prudencia- habrá que consultarlo con el Padre Confesorio”.

De cualquier manera, lo que había comenzado con un poco de nostalgia en torno al recuerdo de cómo Vivirillo y Atarancio habían sido llamados por Dios a servir en el Altar, para ese momento se había convertido en un cúmulo de decisiones que cambiarían la vida de varias personas en la comunidad de San Goloteo. (Continuará…)

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