La Hora Santa, práctica de origen divino


Por: Sem. Augusto Hernández Ramírez|

II de Teología|

La devoción de la HORA SANTA tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en Getsemaní, la  víspera de su muerte en la noche del Jueves Santo.

La Hora Santa consiste en la exposición y adoración del Santísimo Sacramento de la Eucaristía. La forma  agrada, es decir, Jesús mismo, es colocado en la custodia, que es una pieza de oro o de otro metal precioso. Se  trata, por tanto, de dedicar una hora a meditar los misterios cuando Cristo se sintió sólo, débil y pide al

Padre aparte el cáliz de su pasión, pero estaba consciente que cumplía la voluntad de su Padre. Una hora para acompañarle, como el Ángel del huerto, en cuanto podemos, místicamente, junto al sagrario. Es una hora para volcar en su Sagrado Corazón todos nuestros afanes y sufrimientos, y recibir su gracia para sobrellevarlos. Una hora, en definitiva, para agradecer su sacrificio y aprender de Él.

Su Institución se debe a Nuestro Señor mismo que le pidió a su fiel sierva Santa Margarita María Alacoque en estos términos: “Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos… Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a mi Padre, te levantarás entre once y doce de la noche, y prosternada pegando el rostro con la tierra, tanto para aplacar la ira divina, pidiendo gracia para los pecadores, como para endulzar de alguna manera la amargura que sentí por el abandono de mis Apóstoles, el cual me movió a reprenderlos, por no haber podido velar una hora conmigo”.

Muchas personas no practican esta devoción porque envuelve un gran sacrificio. Esta devoción no es  obligatoria. El Papa Pío XI facilitó el tiempo para la Hora Santa al fijarlo desde la puesta del sol hasta su salida, aunque la hora más indicada, según la indicación de Jesús a Santa Margarita, es la de once a doce en la noche del jueves a viernes. Cualquier lugar es válido aunque es preferible la Iglesia y ante el Sagrario a ser posible. En cuanto a las oraciones, no hay nada fijo establecido, pero a juzgar por las mismas palabras de Nuestro Señor a Santa Margarita, lo más propio parece ser la meditación de su amarga Pasión y Agonía, su grandísima humillación, su infinito amor no correspondido, y los ultrajes hechos a su Divina Majestad. La Hora Santa se puede llenar, por tanto, con varias devociones, por ejemplo: leer por espacio de quince minutos la agonía de Nuestro Señor y luego meditar otros tantos minutos lo leído; o hacer el devoto ejercicio del Vía Crucis o del Rosario doloroso.

Es necesario que primero te dispongas verdaderamente a “perder” el tiempo con Nuestro Señor, si estás apurado, deja este encuentro para otro día, porque no se trata de “hacer” oraciones sino de comunicarnos con Jesucristo, es decir, hablarle con nuestra boca, mente y corazón, abrirnos a ver Su Rostro y a escucharlo. Elige dentro del templo o lugar donde se encuentre el cuerpo de Jesús Sacramentado, (frente al Sagrario) el lugar que más te ayude por la intimidad que te ofrezca. Si en algún momento, ya experimentas encendido tu corazón sigue orando como te surja en tu interior y abandónate a esta ayuda, porque ya el Espíritu Santo vino en tu auxilio y no hay mejor maestro de oración que Él.

Anuncios

Etiquetas:,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: